Posteado por: VICTOR | Julio 9, 2009

Antonio López: “Como ser humano me preocupa mucho la búsqueda de la verdad”

El médico y escritor zamorano presenta mañana su novela “El fotógrafo y la muerte” en Ámbito Cultural de El Corte Inglés en Santa Cruz. La obra, finalista con otro título en el premio Planeta de 2007, está ambientada en Tenerife y utiliza una fotografía de Robert Capa como hilo conductor de una historia de amor.

Antonio López Alonso (Trefacio, Zamora. 1954) ha elegido la literatura como vía de escape ante las frustraciones que a veces le entristecen la vida. Este médico, catedrático de Traumatología y Ortopedia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Alcalá de Henares y miembro de la Academia de Médicos Escritores, ha escrito veintiséis libros (poesía, ensayo, biografías y novela), el último de los cuales, “El fotógrafo y la muerte”, está ambientado en Tenerife y se presentará mañana, a las 19:30, en Ámbito Cultural de El Corte Inglés en Santa Cruz, de la mano de los doctores Enrique González y Luis Hernández.

Esta obra, que fue una de las diez finalistas del Premio Planeta de 2007 con el título “La colina de la bruma”, utiliza como pretexto para contar una historia de amor una famosa fotografía captada por el mítico reportero gráfico estadounidense Robert Capa durante la Guerra Civil española, la del miliciano de la CNT Federico Borrel que cae abatido por una bala el 5 de septiembre de 1936 en Cerro Muriano.

López, que pone su propio nombre al relator de la novela, una tercera persona que fluye de él, que también es médico, pero forense, se cuestiona si la foto de Capa captó el momento exacto en el que muere el joven, o es producto de un trucaje fotográfico. Toda la historia gira en torno a esta pregunta, sobre la que ha investigado en demasía el autor.

Este médico y literato, que vivió hace más de dos décadas en Tenerife, asegura que este libro no es uno más. “Es especial. Me llevó mucho tiempo escribirlo, revisé mucha documentación y fundamentalmente me metí en la figura de Capa como un personaje apasionado de la vida. Me identifiqué con él. El diálogo que tengo con él me lo trae la mar de Garachico”.

El origen de la novela fue casual, cuando vio en una exposición la foto hecha por Capa en la Guerra Civil. “Cuando la vi me impactó mucho y empecé a dudar de mí mismo, aunque no sea forense, y me dije: hay que buscar la verdad. Me metí tanto en Capa que, al principio, quería que fuese un ensayo, hasta que le vi un plano de ficción y me metí en la novela”.

Este prolífico escritor y director de teatro en la facultad donde imparte clases y dirige investigaciones, está infectado por la sinceridad y enseguida confiesa que el motivo fundamental que le incitó a escribir esta novela “fue el vivir a Capa. Como ser humano me preocupa mucho la búsqueda de la verdad. El ser humano se comporta normalmente con autenticidad, o por el contrario todos somos basura. Entonces estaba en esa fase en la que uno se busca a sí mismo, en la que no sabes si eres lo que quisiste ser de adolescente”.

Tras estas disquisiciones filosóficas, López se leyó las dos biografías existentes sobre Capa. “Vi que uno de los autores, el que estaba en el entorno de Magnum, decía que era una foto verídica; el otro que era un montaje, que era frecuente en aquella época hacer montajes bélicos para pasearlos por la Prensa. Es cuando me metí de lleno y cuando aparece Brenda, con ese amor apasionado, y además muere. Me dije: esto es una historia de amor, no de intriga”.

La galería de personajes que pueblan este relato, que se lee con agilidad, son reflejos de seres que conoció durante su estancia en Tenerife. “Tengo casi una relación paterno-filial con Don José. Es el verdadero sabio canario, es genial, el que yo buscaba. Es del que más me he enamorado, más que de Capa, porque además lo viví aquí en los años que estuve. Con mucha pasión intenté que se plasmara otro tipo de amor, el paterno-filial”.

“De hecho -continúa con su peculiar sinceridad-, cuando presenté la novela en el Ateneo de Madrid surgió el debate sobre en qué género se enmarcaba esta obra, si era novela de intriga, policíaca, o negra. A mí me parece que es una historia de amor. Lo tocante a Capa es rigurosamente cierto desde un punto de vista histórico; pero lo de Marina, eso es pura ficción. El apasionamiento lo vi en Capa en su amor por Brenda. Luego se vino abajo cuando la mataron en la batalle de Brunete. A partir de entonces la vida le importó nada”.

La obra que presenta López en Santa Cruz, estructurada en tres partes entre las que transcurren veinte años de vida literaria, es la misma que fue candidata al Premio Planeta en 2007, cuando ganaron Juan José Millás y Boris Izaguirre. Fue una de las diez finalistas con el título “La colina de la bruma”, aunque la editorial lo cambió de acuerdo con el autor por el de “El fotógrafo y la muerte”.

La escala de valores de este médico-escritor está presidida por su familia, su trabajo, sus alumnos y sus pacientes. “Intento vivir todo apasionadamente. Sin mis alumnos no habría historia. Los enfermos están mucha más allá del amor, el dolor y el sufrimiento que tienen, es tan fuerte… Lo de escribir es una liberación de las muchas frustraciones que tengo como ser humano. Esto me libera”.

Este amante de la vida, cuya defensa es su profesión, guarda en su mente muchos gratos recuerdos de su estancia en Tenerife hace más de veinte años. “Tenerife está muy dentro de mi. Fueron seis años en los que entré en contacto con la juventud universitaria. Fueron los seis años más felices de mi vida. Me encontré con una cantidad de amigos… El canario para mí es una persona muy cercana, tierna y entrañable. No me encontré aquí con nadie perverso, puede haberlo, posiblemente sea ingenuo, pero me va bien con esa ingenuidad. Admiro el sentimiento de respeto que se tiene a la naturaleza. Cuando miro al mar me quedo sorprendido, en Madrid sólo tengo El Manzanares y está muy sucio. Aquí tengo cantidad de amigos, vengo todos los años”.

Este militante de la prosa poética ha conseguido equilibrar la ficción y la realidad en esta obra con cierta dosis de intriga cuyo fin es desentrañar, en medio de una historia de amor, si la fotografía del miliciano de Capa es auténtica o producto de un trucaje. “Voy enredando la historia para confundir un poco al lector. Creo que tiene más dosis de emotividad que de intriga, pero también la tiene”.

Antonio López, que prepara otra novela sobre los desamparados indigentes, corrobora que “El fotógrafo y la muerte” es la mejor de las cuatro novelas que ha escritor. También reconoce que es muy respetuoso con la realidad que describe en sus textos, actitud que ha heredado de su profesión. “Como médico tengo que investigar todo lo relacionado con la enfermedad, lo mismo que hago con la literatura, busco todo”.

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