Parecen estar en lo cierto quienes opinan que la fiesta es la representación más fiel de la cultura de un pueblo. Por el desarrollo de las fiestas, por el modo de celebrarlas puede ese pueblo sentar unas bases diferenciadoras con otras localidades, incluso muy cercanas.
Para nadie es secreto que difícilmente puede concebirse una fiesta que no esté convocada alrededor de una imagen religiosa; es lo más frecuente. Pero hay otras festividades en que esa imagen religiosa no existe. Tal es, por ejemplo, el caso de los Carnavales. De un modo u otro los pueblos las celebran a su aire, dando a unas más importancia que a otras y volcando en ellas todo su entusiasmo.
Cabalgata de Reyes
En Garachico se celebra la cabalgata más alegre, espectacular y colorista de cuantas nos es posible presenciar en la zona geográfica. Es, además, la más sorprendente y original. La originalidad consiste en que un poco, los Reyes Magos entran en la Villa por Occidente, es decir por el extremo opuesto al que señala la tradición. En cambio no supone a SS.MM. Los Reyes, invariablemente, se presentan al lugar de la cita y reparten sus juguetes, que llegan a las manos de los niños sin problemas enojosos porque tales destinatarios están allí esperando, al lado del belén al que se acercarán los Magos para hacer la adoración del Niño-Dios.
Los Reyes salen desde la Quinta Roja, una casa de campo que se hizo construir por el marqués allá por 1620. Pasan por San Pedro de Daute, donde sigue en pie la más antigua Iglesia de la comarca. Siguen los Reyes su recorrido y suben hasta la ermita de su nombre para hacer su anual visita al Niño que allí mora en brazos de la Virgen titular. Ya organizada la cabalgata va delatante la Estrella de Belén en artística carroza; la siguen pajes, soldados, antorchas, guardia romana a caballo, palmas, estandartes y los tres camellos de los Reyes, con algún que otro camello cargado de juguetes, Se acercan hasta el castillo de San Miguel, que es hoy la residencia de Herodes y allí surge un diálogo que la chiquillería sigue expectante. Pero para que Herodes supiera que los Magos estaban cerca, unos vigilantes que hay en las almenas del castillo hacen sonar sus clarines.
Los Reyes se acercaron luego a una edificación que, en 1601, fue convento dominico y donde hoy moran unos ancianos que encuentran allí cuidados y los afectos de las Hermanas de San Vicente de Paúl. Cuando por fin llegan al centro del pueblo, se acerca por San Roque y San Sebastián, hasta San Francisco. Frente a la portada principal de San Francisco se ha montado un Belén en el que los Reyes adoran al Niño. También hay tres doseles, bajo los cuales están los tronos reales, Los niños son llamados, uno a uno, al son de la trompetería. Y cuando los pajes citan sus nombres, sube un niño, y después otro, y luego otro, para tocar casi las barbas y los bigotes de SS.MM.; unas veces son sonrisas forzadas y otras veces a lágrima viva, por lo que los bigotes y las barbas de sus Majestades asustan a los pequeños aunque las madres no tenga ya edad para comprenderlos. Es el final. Pero ha valido la pena esperar tanto tiempo, para permitir que los reyes tuvieran que efectuar tan largo recorrido.
San Susino
Como en los demás pueblos y ciudades del país, los Carnavales tuvieron en Garachico una lucida celebración en otra época: bailes y piñatas, disfraces y bromas, diversión y alegría.
Pero fueron languideciendo y terminaron por desaparecer, precisamente cuando la permisión era total. Ni una sola máscara se ve en Garachico durante las fiestas carnavaleras. Lo único que se ha mantenido, ha sido únicamente los que se conoce como el entierro de la sardina, el cual es seguido por centenares de personas que parecen volcar en este acto su deseo de incansable diversión
El llamado entierro de la sardina recibe en Garachico el nombre de Sansunio o San Susino. Detenidos estudios llevados a cabo por el historiador José Velásquez nos han permitido acceder al origen de dicho nombre. A Garachico arribaban barcos procedentes de Madeira y Azores, especialmente entre 1591 y 1594. En tales islas abundaban una especie de pescado, llamada “lirio-ferro, pero conocido vulgarmente con el nombre de “Susino”, del que se ha escrito que es un pez de más de un metro de longitud, de color plateado, cuerpo largo y algo comprimido, boca amplia y oblicua…Este pez, convertido en muñeco de catón es que se entierra en Garachico, en ceremonia que no consiste precisamente en enterrar sino convertir al pez en una masa de fuego. Este es el Sansusino de Garachico, que acompañan lloros, gritos y desmayos de los cientos de personas que acompañan al muñeco hasta el campo de fútbol, donde se realiza la cremación. Ningún fin podía haber mejor para la representación de un pez que era tenido por vulgar, de escaso aprecio y con el que se pretendía enterrar, además la tristeza, la pena, la mala suerte… en espera de días mejores.
Semana Santa
Es ésta una de las más importantes festividades religiosas que se celebran en Garachico a lo largo del año y en ella se pone de manifiesto la actitud devocional de los vecinos hacia unas imágenes que representan una parte importante del cielo litúrgico anual.
Aunque el paso implacable del tiempo suele llevarse consigo costumbres y tradiciones, tenemos la suerte de mantenerlas vivas en las más pequeñas localidades, un tanto alejadas de la zona capitalina, donde el culto externo resulta difícil de mantener ante la ley que ha impuesto la presencia del automóvil.
Dentro del mundo religioso ha sido la Semana Santa la festividad que parece no haber perdido el inconfundible sello de lo secular. Pero resulta difícil conocer las fechas exactas en que las manifestaciones del culto externo comenzaron su andadura. Los errores que se han venido sucediendo a través de los años obedecen a la confusión que se ha tenido entre función y procesión, que no tienen igual significado. Hay entre ellas una diferencia fundamental: la función tiene como marco el interior de las iglesias. Cuando hablamos de procesión siempre estamos refiriéndonos a una manifestación litúrgico relativa al culto externo.
La Semana Santa mantuvo siempre un indudable sello de seriedad, a pesar de que, como ocurre actualmente, solían mezclarse los actos de la iglesia con otros de marcada característica profana. En la seriedad de tales manifestaciones influyeron, de una parte, los frailes y sacerdotes, que canalizaban la festividad dentro de un marco puramente religioso; de otra, la presencia de las milicias, lo que daba a los actos externos un tinte de especial relieve. Pero, además, habrá que añadir la labor de los vecinos, que supieron asimilar el contenido del arte y la fe, permitiendo y alentando la defensa de las tradiciones y costumbres, algunas de las cuales parecen un tanto extrañas.
Que una procesión salga de un templo religioso y se dirija a un domicilio particular parece una página escapada de un libro de leyendas. Si la imagen de esa procesión permanece cinco días en un domicilio privado (desde el Domingo de Ramos hasta el Viernes Santo) la sorpresa inicial puede llegar a límites insospechados. Pues bien: esa costumbre permanece en Garachico desde hace cuatro siglos, ante la sorpresa del visitante y la atenta comprensión de los vecinos, que no sólo aceptan la costumbre, sino que no les gustaría perderla, justamente porque así se ha hecho siempre y porque se trata de una ceremonia significativa dentro de un programa que siempre pretende cumplir del mismo modo que lo desarrollaron nuestros antepasados.
Es cierto que para mantener vivas algunas costumbres ha habido necesidad de vencer muchos obstáculos; pero vivas permanecen.
La Semana Santa de Garachico se caracteriza por una serie de detalles que tal vez se realicen también en otras localidades, pero que afectan al desarrollo de los cultos de un modo indudable. Porque no se trata únicamente de las procesiones que se realizan actualmente, sino de la imagen que no sale ahora por deterioro, o la que nunca salió a la calle por motivos diversos, o de las luchas entre familias y comunidades religiosas a causa de ésta o aquella imagen, o del carácter profano de algunas celebraciones… todo ello incidiendo, directa o indirectamente, con la Semana Santa.
Cuando se habla de la Semana Santa de Garachico se hace referencia a la que se celebra en la zona urbana del municipio, alrededor de la iglesia de Santa Ana, centro coordinador de todas las celebraciones. Pero habrá que decir que también hay procesiones en San Juan del Reparo, la Caleta de Interián y San Pedro de Daute. Lo que ocurre es que han quedado oscurecidas por las que tienen su asiento en la zona capitalina, donde residieron siempre las comunidades religiosas, que tanto tuvieron que ver en el pasado con esta efeméride religiosa de la Pasión de Cristo.
Domingo de Pasión
En pasadas décadas salía procesionalmente el Cristo Predicador, imagen de Francisco Alonso de la Raya que guardan las monjas concepcionistas, aunque fuera del culto. En la actualidad la procesión correspondiente a tal día es la del Cristo de la Misericordia o, en algunos casos, el de la Salud.
Viernes de Dolores
Día dedicado a la Madre de Dios en su versión de Dolorosa, por lo que es una imagen de tal advocación la que sale ese día procesionalmente. Tampoco ha habido criterio fijo a la hora de elegir imagen. En alguna ocasión salió la Virgen de la Amargura, para ser sustituida por la que, en otro tiempo, salía tal día a la calle y que fue retirada del culto a causa de un deterioro que ha sido ya subsanado.
Domingo de Ramos
Es un día importante en la Semana Santa garachiquense. Por la mañana sale del convento de monjas el Señor de la Entrada en Jerusalén, imagen moderna. Por la tarde sale el Señor del Huerto de los Olivos, un paso espléndido integrado por el Cristo, de gran belleza plástica, los tres apóstoles dominicos y el ángel. Y por la noche se traslada la imagen del Cristo de la Misericordia al oratorio de la familia Ponte. Este Cristo se lleva, sin cruz y sin trono, envuelto en un paño, por sacerdotes, a hombros, hasta la casa de Ponte, donde permanecerá hasta el Viernes Santo, en que regresa a la parroquia, ya en su cama de plata, con acompañamiento del beneficio y de la Hermandad del Santísimo, para integrarse seguidamente en la procesión magna.
Lunes Santo
Es el día señalado para rendir homenaje al Señor de la Humildad y Paciencia, aunque se trata de un homenaje que se celebra en el interior de la iglesia, sin que salga a la calle la imagen.
Martes Santo
También en el interior de la iglesia se celebran los cultos de este día en honor del Señor Preso y San Pedro. Tanto estas imágenes como la Cristo de la Humildad y Paciencia salen luego, el Viernes Santo, en la procesión magna.
Miércoles Santo
Este día sale, también de la iglesia de Santa Ana, la procesión del Seño de la Columna.
Jueves Santo
Es ésta una de las más importantes procesiones de la Semana Santa de Garachico, tanto por la belleza del paso de La Cena como por la seriedad y organización de la procesión en sí.
Viernes Santo
Por la mañana sale de la iglesia de Santa Ana la imagen del Nazareno con Simón Cireneo. En la procesión de referencia el Nazareno encuentra a San Juan, La Dolorosa, La Verónica y La Magdalena. La procesión llega hasta el Calvario, donde se une a ella, para regresar a la parroquia, la imagen del Crucificado. Por la tarde regresa del oratorio de Ponte el Cristo de la Misericordia y seguidamente se inicia la procesión magna, integrada por veinte pasos.
Fiestas del Cristo de la Misericordia
Cada cinco años se celebra la Fiesta del Cristo de la Misericordia.
Este Cristo de la Misericordia, que recibe culto desde 1574 es el titular de unas fiestas que los devotos y los amantes de las tradiciones se esfuerzan en mantener y superar. El gran poder económico de los siglos XVI y XVII trajo consigo que los beneficios esparcieran la conmemoración a su actual carácter lustral.
Estas fiestas lustrarles, surgidas en el Siglo XVII, viene celebrándose con gran solemnidad. En la prensa pasada centuria que eran consideradas como las más brillantes del norte de Tenerife tanto por su exhibición pirotécnica como por el desfile de carrozas.
Destacan los “Fuegos del Risco”. Se queman los fuegos en la antañona bahía circundada por altas montañas que ofrecen un eco estremecedor. En tal anfiteatro es el fuego quien domina, quien reina, llevando a la mente de todos el recuerdo de la erupción volcánica de 1706. Ver correr una bola de fuego y luego otra por la ladera empinada de la montaña para precipitarse en las inmediaciones de la bahía, impresiona sobremanera porque al mismo tiempo explota en cada esquina un artefacto dando un especial aspecto a esta noche del estío garachiquense. El arte de la pirotecnia se encarga también de producir la extraordinaria exhibición junto al mar, que aquí se le conocen con el nombre de “Fuegos Acuáticos”.
Romería de San Roque
El origen de la Romería de San Roque se remonta a principios del Siglo XVII.
Entre los años 1601 y 1606, la isla se vio azotada por una terrible epidemia cuyo foco principal estaba localizado en el puerto de Garachico. La casi repentina desaparición de la tan temida enfermedad se tuvo por hecho milagroso, atribuido a la intercesión de San Roque.
A partir de esta fecha, todos los caminos conducen a Garachico; cada dieciséis de Agosto se convierte en un gran jolgorio.
Carretas y romeros nos traen el aire del campo, junto a los cantos populares.
Las Fiestas y Romerías de San Roque tiene los perennes valores de la devoción y la hospitalidad.
Desde horas muy tempranas se lleva a cabo el traslado procesional de la venerada imagen de San Roque desde su ermita hasta la parroquia matriz de Santa Ana, donde se tiene lugar una solemne procesión religiosa. Terminado el acto, continua la procesión hasta la bahía , desde donde para la romería marítima, con los barcas de pescadores engalanadas y la romería con sus carretas, animales enjaezados, rondallas, peregrinos devotos y amantes de la costumbres populares, celoso conservadores de esta antigua tradición.
Así mismo, la Fiesta de las Tradiciones, momento en que se elige a la Romera Mayor de las Fiestas de San Roque. Es un acto donde se exalta la belleza de la mujer canaria, el folklore, la poesía y la historia, procediéndose, una vez efectuada la elección, a una ofrenda de flores de la imagen del Santo Patrón.
Dentro del programa de las Fiestas de San Roque, tiene lugar en la Glorieta de San Francisco, el sábado anterior a la romería, el Baile de Magos, en el que los asistentes, ataviados con sus trajes típicos y el jolgorio propio de la fiesta, bailan hasta el amanecer, para luego proseguir hasta la ermita del Santo donde depositan las conocidas varas adornadas con cintas de colores.