Garachico, un monumento dentro de una isla

Garachico, un monumento dentro de una isla | Foto: elEconomista.es

Este pequeño pueblo al norte de Tenerife es, para muchos habitantes de la isla, un pequeño monumento dentro de la isla. No sólo por lo entrañable de sus calles, si no también por su importante valor histórico. Sin embargo, debido a su ubicación, alejado del aeropuerto y del centro de la actividad tinerfeña, sólo acuden a visitarlo unos pocos afortunados, aquellos que se adentran en el norte de la isla.

Durante los siglos XVI y XVII su actividad económica se concentró en la bahía, época en la que fue el puerto principal de toda la isla con tráfico comercial entre Europa, Asia y América. El mar del norte de la isla, conocido por su fuerte oleaje y su bravura, no afectaba a esta actividad y al intercambio de productos con Inglaterra o Francia, sobre todo sus telas y productos agrícolas.

El vino también fue muy importante para los garachiquenses. La uva dulce y aromática (malvasía) era muy bien recibida en Inglaterra y América. Tanto es así que los ingleses se hicieron con su monopolio, pero los isleños decidieron recuperarlo en un asalto llamado ‘El derrame del vino’.

Durante el siglo XVII, el puerto de esta ciudad siguió siendo muy importante a pesar de las rivalidades entre pueblo vecinos. Por ello, la prosperidad portuaria de este siglo atrajo la mirada de todas las clases sociales: maestros, señoríos, comunidades religiosas, artistas,etc. Garachico empezó a ser una ciudad prestigiosa con sus calles y sus edificios emblemáticos.

Pero a pesar del esplendor, la ciudad sufrió muchos temporales, numerosas inundaciones, enfermedades como la peste o una plaga de langostas africanas. Sus incendios fue otra de las desgracias que asoló la capital. Pero gracias a la prosperidad económica d los años anteriores, Garachico se recuperó.

De lo que nunca lo hizo fue de la erupción volcánica de 1706. Numerosas casas fueron sepultadas, pero si duda el peor desastre fue la destrucción del puerto de Garachico. Tal fue el destrozo causado que los ciudadanos del nuevo Garachico bautizaron las ruinas con el nombre de Montaña Negra.

Numerosas leyendas surgieron de ese acontecimiento. La más extendida es la que cuenta como los habitantes más devotos creían que la virgen les ayudaría  a salvarse y detendría la erupción. Por ello sacaron a la figura de la Virgen de la ermita. Aunque la lava siguió su curso llegando al mar, se bifurcó respetando la ermita y otras edificaciones cercanas a donde habían situado la imagen.

Durante los siguientes siglos los comerciantes y autoridades decidieron devolverle el esplendor a esta tierra y volvieron a desarrollar su actividad portuaria, aunque a menor escala. En las últimas décadas esta ciudad puede presumir de poseer la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes concedida por el rey Juan Carlos I según Real Decreto de 7 de marzo de 1980. Además, su historia se puede ver en su escudo con su lema ‘Glorioso en su adversidad’.

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