De profesión, mis ignorancias (458) D. Carlos Acosta

Carlos Acosta García | Foto cedida por: Francisco Gutierrez

ME HA OCURRIDO muchas, muchísimas veces; y a usted, lector, y al descubridor de la penicilina, y al actual presidente del gobierno; incluso a Paquirrín y a Belén Esteban. Verán ustedes: llevo tres meses tratando de encontrar en mi biblioteca un número que tengo de la antigua revista tinerfeña “Hespérides”. Todas las páginas están dedicadas a Garachico, incluso los anuncios. Y yo trataba, precisamente, de buscar un anuncio de la época, concretamente del llamado Hotel Gregoria. Pero no había manera de encontrarlo. Y resulta que hoy, sin buscarlo y como por aire de birlibirloque, se me ha presentado y me ha dicho:

-Aquí estoy, para servir a Dios y a usted.

A algún lector le extrañará tanta educación, tanta ceremonia. Pero he de decir que el número corresponde al día 8 de agosto de 1926 y por aquellas fechas todos éramos muy educados.

Bueno, una vez consultado el anuncio me dije: “Ya que lo tengo en la mano, voy a leer todo el número”. Y lo leí. Y me llevé una ingrata sorpresa porque nadie, absolutamente nadie se atrevió a decir que Garachico llevaba ya 10 años en posesión del título de Villa. Pues bien, ni el señor Westerdalh, ni José María Benítez Toledo, ni el señor Nijota, ni Eutropio Rodríguez, ni Luis Alejandro, ni ninguno de los cronistas, articulistas, comentaristas que se asomaban a las páginas de Hespérides se dignaron hablar del dichoso título, que tantos disgustos nos ha dado a los habitantes de la Villa del Roque. ¿Qué motivos había para que las cosas discurrieran así, con tanta indiferencia ante un hecho que a uno, dígase lo que se quiera, le agrada, le enorgullece. ¿Sería porque estábamos en tiempos de la República y el título nos lo había concedido el Rey, don Alfonso XIII?

¡Cuántos disgustos nos ha dado el dichoso titulito¡ Lo solicitamos, por vez primera, en 1814. También lo solicitó Icod, poco después y con mayores merecimientos porque Icod era un pueblo próspero y nosotros íbamos p´atrás como los cangrejos porque ya saben ustedes que el volcán no era precisamente nuestro gran amigo. Bueno, lo cierto es que, como las cosas de palacio van despacio, nos concedieron el título, a Icod y a Garachico, el mismo día: el 27 de mayo de 1828. O sea, que tardaron nada más que 14 años en escuchar nuestra súplica. Pero esto no fue todo. Icod pagó inmediatamente su canon, sus aranceles, sus impuestos o su lo que sea. Garachico no tenía un duro y tuvo que esperar un poquitín más para presumir de título: concretamente hasta 1916. O sea, un siglo y dos años que no es tanto. Y si teníamos el dichoso título en 1916, ¿por qué la revista “Hespérides”, en su número 32, correspondiente, como dije ante, al 8 de agosto de 1916, no se dignó decir “esta boca es mía”? Prefirieron los colaboradores de entonces hablar del puerto, los pescantes, los racimos de plátanos, las iglesias, los conventos, el castillo, los huacales, el Roque y alguna otra cosilla que ahora no recuerdo?

Por cierto, tampoco dijeron que Garachico tenía entonces tres casinos. ¡Tres¡ El de los caballeros -o de los señoritos, como ustedes quieran- que se llamaba en realidad “XVIII de agosto”, el “Centro Obrero”, por el que pasaron Diego Crosa, Benítez Toledo, Maffiotte, Bartlet, Zerolo, Rodríguez Figueroa, Nijota, Rial y no sé cuántos más, todos de izquierdas. Y tampoco citó “Hespérides” la sociedad “Luz del Naciente”, que estaba ubicada en el barrio de San José, llamado también El Volcán. Tres sociedades recreativas para un pueblo de solo cinco mil habitantes.

Cuando empecé a presumir de que el de los caballeros, o sea, el “XVIII de Agosto” había sido fundado en 1913, Evelia, con quien estaba dialogando en la Biblioteca Pública, me recriminó así:

-Entérate primero de las cosas. ¡Toma¡ (Y me entregó un paquetito lleno de esos papeles viejos que llaman legajos).

Abrí el paquetito y, entre otras cosas, vi un ejemplar del reglamento de otro casino garachiquense, muy anterior, que presidía don José Matías Brier. El tal casino nació en 1854. Hace más de siglo y medio. Si alguien no me cree, que se acerque a la Biblioteca Pública, que pregunte por doña Evelia Suárez, archivera y bibliotecaria y ella les mostrará, limpio como una patena, un ejemplar (tapa verde) de tal sociedad de recreo, lisito, sano, intacto, como recién nacido. Yo, además, conservo una fotografía de su fachada, Tal foto es anterior a 1912, fecha en que ardió la casa de don Ceferino Benítez, al lado de la cual estaba el pobre Casino, que se fue al otro mundo. Y en la foto la casa está todavía intacta. Luego no se levantó jamás.

Me preguntó: ¿Cuándo nacieron los Casinos de la Laguna y Santa Cruz?

Fuente

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2 comentarios sobre “De profesión, mis ignorancias (458) D. Carlos Acosta

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  1. muy acertados los comentarios; pero quisiera saber si el Prof. Don Carlos Acosta, tiene algun correo con el cual uno pudiera comunicarse. Agradeciendoles su gentileza. Me reitero de Uds.

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