De profesión, mis ignorancias (460) D. Carlos Acosta

Carlos Acosta García | Foto cedida por: Francisco Gutierrez

USTEDES saben que no suelo ocuparme en este espacio de asuntos políticos. Las veces que lo hice me obligaron las circunstancias. Hay personas que me piden una vez y otra que deje los entresijos gramaticales porque la política es más variada y está más de actualidad. Cierto es que ahora, en estos meses más recientes, se nota, de manera descarada que, incluso dentro de cada partido, hay dos tendencias sobre si el gobierno actual -hablo del español, no del canario- avanza demasiado lentamente o, por el contrario, se “atorrolla” por correr demasiado. Yo estoy con los primeros, con quienes opinan que hay que coger ya el toro por los cuernos y no dejar que los asuntos se anquilosen. Así que ¡adelante, señores!

Pero mi sobrino Lolo, como de costumbre, me lleva la contraria y lo hace por medio de refranes: “El que corre es el que tropieza”, “No por mucho madrugar, amanece más temprano”, “Vísteme despacio que tengo prisa”, “Despacito y buena letra”… Y yo lo interrumpo también con refranes: “La luz que va delante es la que alumbra”, “Al que madruga, Dios le ayuda”, “Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”, “El que da primero, da dos veces”…

Pero como no quiero líos de familia, abandono la política; aunque no para hablar de diptongos, ni de sonetos con estrambote, ni de atributos o complementos directos. Voy a hablar de Arte. Aunque hay también en ello una relación con las prisas y las lentitudes, con las velocidades y los retrasos increíbles.

Acabo de leer en “XLSemanal” un artículo de Carlos Herrera sobre Bartolomé Esteban Murillo, al que tanto hemos admirado todos a lo largo y lo ancho del tiempo. Pero se afirman allí algunas cosas que me han dejado perplejo, no por culpa del articulista sino de quien ve crecer sus ignorancias a plazos agigantados. Copio:

“El arte religioso era su fuerte y ya llevaba pintadas algunas de las más de veinte Inmaculadas de las que dejó plasmadas a lo largo de su vida (y dos siglos antes del Dogma, por cierto)”.

Mi asombro es doble: ¡más de veinte imágenes de la Inmaculada, cuando yo solo conozco dos o tres! Lo de adelantarse dos siglos al Dogma es más conocido. Hasta yo lo sabía. Pero no deja de ser un asunto un tanto sorprendente.

Y como yo aprovecho cualquier coyuntura para hacer comparaciones con mi pueblo, me voy a ocupar de un asunto parecido al del pintor Murillo, salvando las distancias, claro está. Ni hay cuadros de la Inmaculada ni nos adelantamos 200 años a la realidad. Pero vuelvo a copiar para ustedes:

“Durante la etapa en que ocupó el cargo de abadesa (hablo del convento concepcionista de mi pueblo) Sor María de Jesús de los Remedios Santos González (1923-1926) se trajo de Valencia una imagen de Beatriz de Silva. Se pidió con antelación para que cuando fuera beatificada (hasta entonces era solo Beatriz de Silva) se pudieran celebrar fiestas en su honor. Llegó la imagen el 9 de marzo de 1925. Se adquirió en el taller valenciano de Modesto Quilis por un importe de 2.300 pesetas; los gastos de transporte supusieron 270 pesetas” (…). “Fue beatificada por S.S. Pío XI el 26 de julio de 1926”. O sea, que nos adelantamos un poco menos que quienes lograron el Dogma de la Inmaculada, pero… Luego fue canonizada por S.S. Pablo VI el 3 de octubre de 1976. Quiere esto decir que estuvimos esperando su canonización nada menos que cincuenta años. O medio siglo, si ustedes lo prefieren. Qué diferencia con la beatificación, en la que nos adelantamos a la Santa Sede.

Y digo yo: Si las monjas de Garachico fueron capaces de adelantarse a ciertas cuestiones de la burocracia, ¿a qué esperan el señor Rajoy y sus muchachos para resolver la catastrófica situación por la que está atravesando ahora nuestra Patria? (Vuelvo a aclarar que me estoy refiriendo a España, no a Canarias). La situación no es para disparar cohetes precisamente. Y perdonen el verbo disparar. No quiero que…

Tal como van las cosas y la tranquilidad -a mí, al menos, me lo parece- con que se están llevando, no creo que Rajoy ni su gobierno esperen ser beatificados por méritos políticos; y menos canonizados. A no ser que las monjitas de Garachico eleven una plegaria al Altísimo con la intercesión de Santa Beatriz.

Lamento tener que terminar este artículo hablando otra vez de política.

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