De profesión, mis ignorancias (513)

Carlos Acosta García | Foto cedida por: Francisco Gutierrez

Carlos Acosta García | Foto cedida por: Francisco Gutierrez

Más de una vez y más de diez me han preguntado algunos amigos: ¿pero cómo tú, español por los cuatro costados, sigues escribiendo cada semana en un periódico que se presenta como enfermizo independentista?

Va aquí mi respuesta: porque considero que EL DÍA es, además, un periódico liberal, como lo fue su fundador (aunque el periódico entonces tenía otro nombre), don Leoncio Rodríguez. Cuando EL DÍA considere que sobro me lo dice y… en paz. Mientras tanto, seguiré dejando aquí, en estas páginas, mis ilusiones, mis deseos, mis sufrimientos, mis discrepancias. Es así como veo yo la relación periódico-pe riodista. O periódico-colaborador de prensa, como ustedes quieran verlo.

Cuanto antecede y cuanto va a continuación ha tenido su nacimiento en la lectura de las letras azules que acabo de ver en la edición del 8 de noviembre pasado:

“Lo decimos una vez más; en Canarias sobran sus 88 ayuntamientos. Estamos de acuerdo en que deben conservar las localidades, cada una con su nom bre y su historia; pero para atender a servicios que precisan sus ciudadanos nos es suficiente con el Cabildo de cada isla (…). La existencia de 88 ayuntamientos es una sangría para las arcas públicas (…). El excesivo número de municipios es una de las causas de la pobreza de España y de Canarias”.

Tampoco es la primera vez que leo en este periódico cosas semejantes. Y siempre he dado mi opinión al respecto. Y mis palabras han sido siempre publicadas porque, como ya he dicho, ser liberal nada tiene que ver con ser independentista. Así que ahora diré lo que siempre he dicho. Quiero que mi ayuntamiento continúe adelante, no solo con su brillante, aunque tristísima, historia, sino con todos sus elementos. Como hasta ahora. Se pueden suprimir concejales; eso parece aconsejable. Pero jamás la institución. Yo no tengo por qué ir al Cabildo de Tenerife a reclamar ocho euros si un día, por error, me los cobraron de más en el recibo del agua. Alquilar un coche para resolver el problema me costaría mucho más. Además, el Cabildo tendría que multiplicar por veinte o treinta el número de sus empleados. ¿Dónde está el ahorro? Y ¿qué hacemos con los empleados, muchos con oposiciones ganadas, de los pueblos cuando se cierren las puertas del ayuntamiento? ¿Solo tienen derechos adquiridos los empleados de Santa Cruz?

Mire usted, autor de las letras azules del periódico: una cosa no entiendo. ¿Qué quiere decir cuando escribe “pueden continuar las localidades”? Es que vamos a esperar otra erupción volcánica para que desaparezcan como tales? De otro modo no lo entiendo. Ya sé que soy muy ignorante, pero…

Dice usted que los ayuntamientos son la causa de la pobreza de España y de Canarias. ¡Pero si los ayuntamientos han existido siempre! Le recordaré, por si se lo ha olvidado, que quienes no han existido siempre son las llamadas Comunidades Autónomas. Esas, si usted quiere, se las puede llevar a donde le parezca, No voy a soltar ni una lágrima por su desaparición. Aunque la primera en desaparecer sea la canaria. Así no se perdería dinero en construir aeropuertos inútiles, ni crear policías autonómicas innecesarias, ni palacios de la música, mientras hay necesidades más imperiosas en los ayuntamientos, y no precisamente por culpa de los ayuntamientos en sí. Bien está que defienda usted a los Cabildos. Pero a los Ayuntamientos déjelos en paz. Déjelos vivir. Y olvídese usted de cosas como traer arena del Sahara para hacer una playa. O traer a Calatrava para que nos monte un teatro o como quiera llamársele y luego cueste tres veces más de lo estipulado. O desenterrar la playa San Antonio, como pretende un político santacrucero. A nosotros, déjennos con nuestras pequeñas cosas, pero no nos arrebaten más. ¿Qué han hecho con nuestros protocolos notariales, que se llevaron un día a Santa Cruz desde Garachico y ni siquiera tenemos unas simples fotocopias o folios escaneados con su contenido? ¿No iban a entregarnos unos papelitos con los datos que nos fueron arrebatados en los años sesenta del pasado siglo y que eran nuestros?¿Dónde están?.

Asumo los errores que pueda dejar plasmados aquí, en este escrito. Si ustedes o alguien ajeno al periódico echa abajo mis opiniones y lo hace con detalles que sirvan para corroborar las suyas, yo los aceptaré. Pero hasta ahora, mi opinión es que usted no tiene la más mínima de las razones.

Reciba, a pesar de todo, mi más afectuoso saludo.

Fuente

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