Nuestros apreciados colaboradores (Diario el Dia)

A preciamos muchísimo a todos y cada uno de los colaboradores de este periódico. Aprecio, además de sincera amistad y respeto por las opiniones que vierten en sus artículos, incluso en el caso de que no las compartamos. Entre estos colaboradores queremos citar de forma expresa a Carlos Acosta; un hombre que goza de nuestra devoción. Condición que comparte con otros igualmente muy considerados colaboradores que expresan sus opiniones a través de las páginas de EL DÍA, como lo son Emilio Racionero, José M. Clar, Pablo Paz, Jesús López Medel y, en general, todos los articulistas, insistimos, que honran con su firma las páginas de criterios de nuestro periódico. Carlos Acosta incluso ha ganado el premio de periodismo Leoncio Rodríguez en sus primeras ediciones. Es un gran amigo de esta Casa y queremos conservarlo toda la vida. Tanto a él, como al “sobrino” que siempre cita, no sabemos si es real o de ficción.

Expresa Carlos Acosta en su artículo del pasado sábado su deseo de que su ayuntamiento, que es el de Garachico, “continúe adelante, no solo con su brillante, aunque tristísima, historia, sino con todos sus elementos. Como hasta ahora. Se pueden suprimir concejales; eso parece aconsejable. Pero jamás la institución. Yo no tengo por qué ir al Cabildo de Tenerife a reclamar ocho euros si un día, por error, me los cobraron de más en el recibo del agua. Alquilar un coche para resolver el problema me costaría mucho más. Además, el Cabildo tendría que multiplicar por veinte o treinta el número de sus empleados. ¿Dónde está el ahorro? Y ¿qué hacemos con los empleados, muchos con oposiciones ganadas, de los pueblos cuando se cierren las puertas del ayuntamiento? ¿Solo tienen derechos adquiridos los empleados de Santa Cruz?”.

Carlos Acosta también manifestó una vez su fidelidad a España. Una opinión que nos parece respetable. Sin embargo, y desde ese expuesto aprecio hacia su persona, le recordamos que no vamos contra los municipios sino contra la existencia de los ayuntamientos y las orgías políticas que se producen en ellos. Por eso pedimos que desaparezcan los ayuntamientos. Nos referimos a la composición política de los ayuntamientos, no contra las instituciones ni mucho menos contra la existencia de las localidades. Por lo demás, con el adelanto de las comunicaciones y la informática, no es necesario ir hasta Santa Cruz para resolver un problema de ocho euros en una factura. Eso pertenece al siglo pasado. En cualquier caso, cada municipio tendría una oficina municipal con los empleados públicos necesarios. Los funcionarios continuarían dotando a las estructuras necesarias, pero dependiendo del cabildo de cada isla. Lo insostenible son 88 alcaldes, con sus correspondientes grupos de gobierno (y todos cobrando) en estas Islas, y ahítos de mociones de censuras y de denuncias de toda índole, muchas estúpidas.

Debemos norteamericanizarnos, britanizarnos. Debemos seguir los pasos de los países en los que los municipios funcionan sin mociones de censura. Estamos de acuerdo con Carlos Acosta y al mismo tiempo no lo estamos. En los municipios deben figurar unas placas que recuerden su existencia. Los términos municipales hay que mantenerlos con sus límites, pero sin políticos ni funcionarios ociosos. A lo sumo, unas oficinas de urgencias sanitarias y de policía con esos funcionarios, al igual que ocurre en Estados Unidos con los sheriffs, pero todos dependiendo del Cabildo. Queremos que desaparezcan los ayuntamientos políticos, que son los que están causando la gran sangría en España y en Canarias.

Por lo demás, don Carlos, usted es un amigo del alma. Que viva mucho tiempo y siga colaborando con EL DÍA: un periódico que nació republicano en 1910. Don Leoncio Rodríguez fue simpatizante del jefe liberal Benito Pérez Armas. Años después, el fundador de este periódico, desencantado de los políticos como lo estamos hoy de los ediles orgiásticos y mamandurrieros, dejó el liberalismo y el republicanismo y se quedó con la idea de conseguir la independencia de su periódico y de su tierra. Si Leoncio Rodríguez hubiera conocido a Paulino Rivero y hubiese estado al tanto de las muchas atrocidades que ha cometido con Canarias, empezando por la traición política al pueblo de estas islas, se hubiera muerto instantáneamente. Si no se ha muerto José Rodríguez por el mismo motivo es porque tiene un corazón de hierro, aunque haya recibido muchos disparos.

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