SABADO SANTO

Antes de los cambios observados en la nueva liturgia de la iglesia, los cultos religiosos encuadrados en el llamado Sábado de Gloria, se celebraban por la mañana en el interior de los templos, sin que hubiera procesión alguna en todo el día. Como es sabido, en la actualidad se celebran todos los cultos en la medianoche del sábado al domingo, lo que permite que en algunos municipios se celebren aún procesiones, que siempre tienen a la Dolorosa o Soledad como protagonista. Es, justamente, lo que ocurre en Garachico.
La Virgen Dolorosa, acompañada de su cofradía femenina, sale de nuevo a la calle en un trono esplendoroso, lleno de cirios y de flores. Por unos años fue ésta la procesión del Silencio. Los fieles portaban velas en el trayecto y sólo las voces de las monjas se escuchaban en su iglesia, mientras en la calle había como único acompañamiento las pisadas de los fieles. Las canciones religiosas que la comunidad ofrece esa noche a la Virgen no tienen acompañamiento. Se quiere respetar el dolor de la Madre de Cristo, unos minutos antes de la Resurrección.
La procesión actual es diferente. Sigue habiendo una cofradía, pero ya hay banda de música. La procesión del silencio no se mantuvo muchos años, sin que ello quiera decir que no hay un respeto, una unción religiosa durante todo el trayecto. Pero hay muchos contrastes con procesiones anteriores. Incluso con las de otros años. Antes salía la Virgen en un trono simple, sencillo; hoy lo hace con manto amplísimo, bajo palio bordado en oro por las propias concepcionistas y con ese incon­fundible estilo andaluz que contrasta con la sobriedad de otros pasos que desfilaron durante la semana que ahora termina.
Son esos detalles foráneos de los que hablábamos al principio de esta publicación y que terminan imponiéndose. Así nacieron todas las tradiciones anteriores. Fueron primero una innovación y, a fuerza de ser repetidas un año y otro, se convirtieron en tradición secular.
Cuando la procesión entra comienzan las ceremonias litúrgicas del nuevo día. Y hay ya en el ambiente un comienzo de júbilo que sus­tituye al dramatismo anterior. Se va el color negro y suenan las cam­panas. Ha llegado el momento de la Resurrección.

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