¡Viva San Roquito!

Garachico vive su día grande del año: la Romería, una de las más antiguas de Canarias, que culmina los festejos municipales

San Roquito“¡Viva San Roquito!”. Este grito de júbilo por el ídolo religioso de Garachico pudo escucharse a lo largo y ancho de la Romería del municipio, que llenó ayer sus calles adoquinadas de canarios de toda la Isla con sus trajes típicos, turistas curiosos, carretas con comida y buen vino, y animales de ganado, con sus consecuentes bostas.

La Villa y Puerto de Garachico vivió ayer bajo un calor abrasador la Romería de San Roque, que cuenta con más de cuarenta ediciones celebradas, siendo por ello una de las más antiguas de Canarias. Se trata de uno de los festejos más importantes de la Isla, plato fuerte y broche final de oro de las fiestas municipales, que comenzaron a finales de julio.

El día de San Roque comenzó con la misa tradicional de los peregrinos por la mañana temprano, a las 09:30 horas, en la ermita del santo. Al término de la liturgia, la hermandad de la chácara y el tambor acompañaron a San Roque hasta la parroquia de Santa Ana, donde también se celebró misa y en la que se le hizo la ofrenda al patrón de la Villa.

Una vez concluidos estos actos más puramente religiosos, la imagen del santo se trasladó hacia el punto de salida para comenzar la Romería, que se celebra cada 16 de agosto. Este año coincidió con un sábado, así que desde la organización se esperaba una mayor avalancha de gente con ganas de pasarlo bien, como el presidente del Cabildo, Carlos Alonso, mantenedor de la Villa, que no dudó en unirse a la celebración.

Ya no cabía un coche más, el calor pegaba fuerte y San Roque esperaba su momento estoicamente en la plaza Ramón Arocha, en el muelle viejo. Exactamente 29 carretas con yuntas y 16 carros pequeños acompañaron a San Roque hasta su ermita en la comitiva que partió a las 14:30 horas.

Pero San Roquito no iba solo. Cientos de fieles lo acompañaron por las empedradas calles de la histórica ciudad que una vez devoraron las lenguas de lava.

La gente se lo pasó en grande, a pesar del calor, con los amigos, la familia o la pareja, caminando junto al santo o siguiendo a las carretas; comiendo, bebiendo y, lo más importante: riendo.

Los dispositivos de seguridad se organizaron para evitar cualquier incidente colocándose por primera vez en el municipio en un centro para estar conectados con todo lo que pasaba en la Romería.

El mayor incidente fue el desmayo que sufrió un pobre toro por el calor. Enseguida fue llevado a un remolque de camión con paja para que descansase.

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