EL MAR DE GARACHICO: ¿ESPECTÁCULO O TERROR?

431843_397426930369955_466414851_nMi amigo LorenzoDorta no quiere que yo publique este trabajo.Me lo ha pedido,me lo ha rogado,me lo ha suplicado… Dice que con él haré un gran mal a Garachico porque brindo propaganda negativa con su mar. Pero ya ven ustedes que lo estoy  escribiendo.
Y es que opino lo contrario de Lorenzo. Vamos a ver si la gente aprende a ver el mar con otros ojos. Estos días he visto a cientos de turistas, todos con su cámara fotográfica, dispuestos a llevarse a casa lo que ellos llaman espectáculo sin par. Dicho así, no parece que hayamos descubierto ningún Mediterráneo. Pero ocurre, amigos, que hay turistas y turistas.
Los que toman medidas cautelares para llevar a cabo su labor sin el menor peligro y los que eligen, con el mismo fin, los lugares más insospechados, el rincón fatal para que el oleaje siembre, más que el temor, el terror. Se suben a empinados picachos o se acercan a la boca del lobo sin tener en cuenta lo afilados que este tiene siempre –casi siempre– los colmillos.
La historia de la Villa y Puerto está repleta de anécdotas tristes relacionadas con la furia del mar. Pero no solo a la tristeza que habla de edificios derruidos, jardines que desaparecen en un santiamén, caminos que se presentan luego inservibles por intransitables, bancos de madera o de piedra que cambian de lugar como por encanto… También está repleta nuestra historia de bañistas y pescadores que ignoraron olímpicamente, más de una vez y más de dos, la fuerza irresistible del gigante. Y a mí me parece que, contando algunas anécdotas ya vividas, los turistas y los pescadores cuidarán más ymejor de sus vidas. ¿Los pescadores también?
Hace 41 años ya. En el ejemplar de este periódico correspondiente al 16 de junio de 1972 se habla de José Lorenzo Álvarez, casado y con tres hijos, natural y vecino de La Caleta de Interián, donde trabajaba como pescador. Aunque ese fue siempre su oficio, el hombre no sabía nadar. Incomprensible, pero cierto. No voy a caer en la tentación de decir que el pescador quiso ese día desafiar al coloso ni pretendió enamorarse de él. Pero algo debió ocurrir para que, en un santiamén y sin haber mal de leva, una modesta familia se quedara sin su patriarca. El hijo del pescador y otro amigo lo acompañaban en la labor. Y como sabían nadar, pudieron regresar a tierra sin mayores contratiempos.
Pero José tenía que saber que no se puede tener un bote frente a las olas en dirección este-oeste cuando debe estar en la posición norte-sur.
hqdefaultSin embargo no cumplió estas reglas y las funestas consecuencias llegaron para sembrar el luto en el lugar. El mismo año, pero el 26 de diciembre, tres turistas quisieron desafiar al mar. Nada nuevo. El oleaje era fuerte, más o menos fuerte, pero se empeñaron los visitantes en acercarse demasiado al dragón. Y saltó la tragedia:
Spencer Estoebelt Falkes, inglés de 67 años,WilliamsHenry Pearson e Irene Agnes Pearson sufrieron las consecuencias de su excesivo atrevimiento. Aunque también hubo tiempo para la valentía, para el amor al prójimo, para la decisión increíble. El joven José Ángel González Hernández, de solo 20 años de edad, sin pensarlo dos veces, se arrojó al mar embravecido para ayudar a sus semejantes. Sacó aún vivo a Henry Pearson, pero se le murió en los brazos unos minutos después, al llegar a la primera esquina del castillo de San Miguel.
El bueno de José Ángel vive en Venezuela desde hace varias décadas. Pero se le recuerda por su heroísmo. Por lo que respecta a Irene Agnes Pearson, fue salvada por el turista alemán Giampero Toninelli, con nombre apellido más italianos que alemanes.
Tal turista pasaba una corta temporada en Icod y había bajado ese día a Garachico. Cosas del destino. Más próximamente a nosotros (desde el día 13 de enero de 1987, fecha que me comunica el cronista oficial de Garachico, José VelázquezMéndez, casualmente hijo político de uno de los protagonistas de la tragedia), están en los anales de nuestra historia local los nombres de don Víctor Alonso Galicia, turista vallisoletano, y el joven Agustín de León González, que cumplía su difícil misión en la Cruz Roja de Garachico, aunque él era vecino de Puerto Santiago. El bueno de Agustín, sin pensarlo dos veces, cuando vio que don Víctor, que paseaba tranquilamente por la avenida Adolfo Suárez contemplando las olas gigantes, sufría la rabia incontenible del mar, se lanzó tras él con el ánimo de salvarlo. Los dos entregaron su vida a Neptuno. Don Víctor fue encontrado muchos días después más cerca de Teno que de Garachico. Pero Agustín, el valiente Agustín, no regresó jamás. En su honor ha levantado Garachico un pequeño monumento, con sentida dedicatoria, en las proximidades de la Cruz Roja en la que tanto trabajó. Pero hay algo que ocurrió mucho más atrás en el tiempo; concretamente en la noche que va del 5 al 6 de enero de l856. Una víspera de Reyes que, en lugar de traer muñecas, pelotas de goma, cocinitas de hacer potajes y triciclos, como había hecho otros años, trajo solo horror y desolación. Nos lo ha contado el ya desaparecido cronista garachiquense don Melchor de la Torre Cáceres (1871- 1956), el cual solía beber en las fuentes claras y limpias de otro garachiquense distinguido, don Francisco Martínez de Fuentes, párroco de Santa Ana, presidente de la Real Sociedad de Amigos del País de Tenerife y, finalmente, rector de la Universidad de La Laguna. De don Melchor, a quien conocí y traté muchas veces, he tomado estos apuntes. Algunos párrafos los he copiado al pie de la letra (por favor: que el plagio se quede entre nosotros).
Otros fragmentos son míos, pero obtenidos de su trabajo y con su sello inconfundible. Esa noche, un viento huracanado que provenía del Nordeste “arrancaba delmar las olas haciéndolas volar por los aires cual si fueran débiles plumas”. La situación que narra don Melchor me la sé de memoria. Son ya 84 los años que llevo viviendo casi a la orilla del mar. Del océano, será mejor decir. Todo el día estuvo el viento jugando a su estilo. Incluso seguía con su diversión el día siguiente. Hasta que, animado por el juego, subió a las tapias del pueblo, las superó con facilidad y comenzó a hacer de las suyas.

El Ayuntamiento estaba entonces en la calle de Abajo, de San Agustín, de San José y de Esteban de Ponte, que todos esos nombres ha tenido la más importante calle de la población. El edificio del ayuntamiento desapareció. La furia del mar puede permitirse estos lujos. O estas libertades, como prefieran ustedes. Con el edificio se fueron lógicamente libros, apuntes, acuerdos, planos, mapas, dibujos… ymuchos datos de significada trascendencia. En el solar edificó su casa el siglo siguiente el médico don Teógenes Jerez Veguero. Luego compró el edificio lamaestra nacional doña Concepción de Armas y del Castillo.
El paseo situado a su lado se llama Travesía de la artesana doña Concha de Armas. Con estos datos ya saben losmás jóvenes del lugar el sitio exacto en que estaba anclado el viejo ayuntamiento hasta el día de Reyes de 1856.
Muchos embates del mar sufrió también el convento de monjas Concepcionistas. El peor de cuantos le hayan llegado a lo largo de los siglos. Algunas veces ha entrado el coloso a la iglesia –y no a rezar precisamente–. Pero ya digo que este le valió, como
al ayuntamiento, un dolor más profundo, aunque el convento haya seguido viviendo hasta nuestros días.
No creo que sea necesario aclarar que entre ambos edificios hay una distancia como de cuatrocientos metros o así. Cuando las enormes olas entraron en el cenobio envolvieron fácilmente a sor Pura, a quien la violencia del mar y los escombros que llevaba consigo hicieron mucho daño. También sufrieron físicamente otras dos personas: la lega Rosalía, sirviente, que fue extraída exánime de entre las ruinas, y otra lega, sor Florentina, que estuvo tres días entre la vida y la muerte. Fueron 72 horas las que resistió incomprensiblemente en aquella situación. Del ayuntamiento ya se dijo que poco quedó en pie. El convento, ya ven, está, gracias a Dios, vivito y coleando, aunque esto de coleando no sé si le va.Me temo que no, pero ya está escrito. Tres días después del comienzo de la tragedia (aunque el mar, cansado de subir y subir a las tapias casi con presunción, lo mismo que a los tejados, sobre huertas y explanadas, había amainado) comenzaron los trabajos de desescombro para recuperar el inmueble.
Fue durante ese trabajo cuando se escucharon gemidos y lamentos. Se supo entonces que allí había un cuerpo humano. Pues bien: después de enormes esfuerzos se pudo rescatar con vida, aunque sensiblemente dañada, a la hermana que había sido víctima de una vivencia atroz. (¿Será esto lo que no quiere Lorenzo Dorta que yo cuente?). Ella sí lo contó algún tiempo después; de esta manera:
“Hallándome en mi celda, asomada a donde está la fachada principal del inmueble religioso, y en mi ventana interior, vi venir una ola formidable que parecía un promontorio y, creyendo ser ya los últimos momentos de mi vida, me encomendé a la Madre de Dios, diciendo: Virgen Santísima de la Concepción, favoréceme”. Seguidamente –lo dice donMelchor de la Torre en sus apuntes– se le apareció una señora vestida de blanco, que supone que fue quien la libró de la muerte, pues de otra manera hubiera fallecido como las otras dos. El episodio debió de ser verídico porque dicha monja, que vivió bastantes años después, lo seguía contando con lasmismas palabras. Así lo asegura el cronista a quien copio casi literalmente. Lo más sorprendente de este singular maremoto es que no se limitó a bañar la fachada principal en la calle que sigue llamándose Esteban de Ponte, sino
que circundó todo el edificio, bañando las cuatro calles: la ya citada Esteban de Ponte, Francisco Rivero Dávila, San Diego y Beatriz de Silva, aunque esta última se llamaba entonces Marianes. Las religiosas, ante el temor de nuevas avenidas del agreste mar, optaron por abandonar el convento. Se acogieron primeramente en la casa de donMelchor de Ponte, situada apenas treinta metros más al oeste (como dato curioso diremos que actualmente la casa es propiedad de un señor que se sigue llamando como su antepasado, Melchor de Ponte). De allí partieron las religiosas para el convento franciscano donde solo estuvieron algunas horas, no sé por qué motivos porque allí tenían espacio suficiente. Se trasladaron luego al convento de Clarisas, hoy inexistente. Solo quedan grabados de Williams en los que aparece el edificio. Allí vivieron seis meses. El 26 de julio, festividad de Santa Ana, salieron enprocesión a la parroquia principal del pueblo. La procesión estaba formada por S.D.M. bajo palio, la Inmaculada Concepción, Santa Ana, Santa Clara, San Diego de Alcalá y las religiosas en corporación, portando cada una un hacha encendida. Las religiosas de tal procesión eran, siempre siguiendo a donMelchor de la Torre, las siguientes: 7 coristas de velo negro, una lega y dos sirvientes. El orador sagrado se llamaba donMiguel de la Peña, quien hizo una bella pieza de oratoria religiosa que a todos conmovió inevitablemente. El regreso de las religiosas a su convento estuvo compuesto por el claustro de la época (las que quedaban después del suceso): sor San Juan Bautista, abadesa, sor Buenaventura, sor San José, sorMaría Magdalena, sorMaría de los Dolores, sor San Juan Nepomuceno, sorMaría de la Concepción, sor Pura, víctima, en su momento, delmar de leva, sor Clara, lega, Rosalía, una de las sirvientas, también fallecida, sor Florentina, la otra hermana extraída del mar, o mejor dicho, de entre los escombros, y otra hermana seglar, llamada Rosario. “El sector del convento que derribó el oleaje es el que mira al Norte y se halla comprendido desde el campanario hasta la esquina o límite por el Poniente”. Así, con estas palabras, lo dice el cronista; pero no eran necesarias porque cualquier persona puede ver hoy bien diferenciado el sector que dañó el oleaje de 1856. Claro que el cronista habla de la calle Marianes,
y losmás jóvenes del lugar no conocieron el rótulo de mosaicos que daba nombre a esta calle. Trataré, de todos modos, de aclarar esta situación. En tal zona vivía (el dato se lo agradezco al historiador local Cirilo Velázquez Ramos) una señora llamada
María Yanes. Por deformación fonética y al paso de los siglos, se dijo calle Marianes. Y así lo hacían constar los ladrillos colocados en una pared de la casa residencia de doña Pino Cabeza. Durante la alcaldía de LorenzoDorta, y siendo Carlos Acosta
concejal de Cultura, se optó por dar a la calle el nombre del escultor gomero Francisco Alonso de la Raya, alumno aventajado de Martín de Andújar en su taller de Garachico, como lo fue también el garachiquense Blas García Ravelo. Pero el rótulo con el nombre del escultor nadie sabe dónde está. Se quitó en su día para pintar la casamencionada, pero no se pasó de ahí. En la actualidad, media calle lleva el nombre de Santa Beatriz de Silva, santa fundadora de la orden concepcionista. La otra mitad de la calle corresponde a Francisco Alonso de la Raya. Lo que no sé es si será repuesta en su sitio la lápida correspondiente. No me corresponde a mí adivinarlo.Y aquí está, a grandes rasgos y quién sabe si con algún error de transcripción, lo concerniente a los
mares de leva que he podido conocer por crónicas y por comentarios de las gentes de otra época. También por fotografías, aunque desconozco la fecha de cada una. Los errores pueden darse como lógicos. Lo importante es conocer cómo es el mar de la Villa y Puerto.Pero más importante es, de todos modos, lo que piensen los turistas, que ni siquiera respetan las vallas que coloca la Cruz Roja de la Villa. Las ruedan, las levantan, las empujan…y entran hasta donde les parece. Si después ocurre lo que ocurre, los garachiquenses no tenemos la culpa. Yo sigo creyendo que el oleaje es bello y espectacular. Pero me gusta verlo de lejos. Los turistas prefieren la primera fila. Como si estuvieran en el teatro. Por esome he atrevido a titular este trabajo incluyendo los nombres “espectáculo o terror” entre interrogaciones. Hasta aquí llego, amigo Lorenzo, con mi crónica, un tanto deslavazada. He intentado con ella dar un buen consejo a los turistas atrevidos, aunque no sé si podré conseguirlo. Sería una lástima que me desoyeran porque, como dijo el poeta, “el mar me está dictando en Garachico, acaso la mejor de sus lecciones”.

Carlos Acosta (Diario el Dia 22 de Diciembe de 2013)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Sitio web ofrecido por WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: