Epitafios, esquelas curiosas y Pepe Moriana (HUMOR ANTICRISIS JUAN OLIVA-TRISTÁN FERNÁNDEZ *)

Uno de los epitafios más célebres e hilarantes se encuentra sobre la tumba de Groucho Marx, uno de los componentes del famoso trío de los hermanos Marx, que dice: “Perdonen que no me levante”. También existe la esquela de uno de los potentados hermanos Rodríguez López, que pone: “Rogad a Dios en caridad por el alma de don Álvaro Rodríguez López, que falleció en la paz del Señor en la isla de La Gomera. Su heredero universal don Juan Rodríguez Braun; sus desconsolados sobrinos…

Paso a darles a conocer una esquela antológica que apareció en un diario de la Península y que literalmente dice: “Don Luis Huidobro Polanco de la Compañía de Jesús. Mientras que como capellán de la IV Bandera de la Legión asistía a los heridos en el frente de Aravaca, el proyectil de un cañón ruso del 12,40 le dio instantáneamente una muerte gloriosa. Hoy está en Roma su proceso de beatificación”. Yo no sé si gloriosa, pero que fue instantánea no me cabe la menor duda.

Sigo con otra esquela publicada en un periódico local hace ya unos años, diciéndose en la misma: “Don Nicolás Cabezola González. Prácticamente Hijo Adoptivo de Tazacorte”. Les confieso que al leerla pensé que tuvo mala suerte de morir la víspera en que el Ayuntamiento le iba a conceder esta distinción. Me equivoqué, pues al lado venía publicada la esquela correcta, que decía: “Don Nicolás Cabezola González. Practicante, Hijo Adoptivo de Tazacorte”. Y otra que pone: “Don José Pérez Alvarado”, y debajo se lee: “Más conocido por Pepito el Criminal”.

Cambio de tercio para contarles lo que le ocurrió a mi amigo Pepe Moriana, propietario del hotel La Quinta Roja de Garachico y del Fataga en Las Palmas. Se encontraba Moriana en Nueva York junto a otros empresarios españoles y después de cenar deciden acudir a un casino para apostar a la ruleta y jugar al “black jack”, pero al llegar a la puerta de entrada repara en que se había dejado el pasaporte y no tenía ningún otro documento que acreditara su identidad. Ante esta situación, dado lo avanzado de la hora, la ausencia de taxis y lo apartado que estaba el hotel, les dijo gritando al resto de sus compañeros: “Yo entro aquí porque soy de Garachico”. Esto último fue nítidamente escuchado por el jefe de sala del casino, el que dirigiéndose al grupo dice en voz más que potente: “¿Quién es el de Garachico?”, contestando Moriana: “Soy yo, jefe”, a lo que responde el empleado del local: “Pues pase usted el primero y los demás que esperen a que haya entrado”. Posteriormente se supo que su padre en una determinada época estuvo destinado en Garachico como guardia civil y en ese pueblo nació el atento jefe del casino neoyorquino. El mundo es un pañuelo.

leo en EL DÍA: “El gobierno griego no reconoce a la troika”. Coño, ni que en Atenas hubiese Carnavales.

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