Efemérides de marzo (Carlos Acosta)

Carlos Acosta García | Foto cedida por: Francisco Gutierrez

20 de marzo de 1935.- Una orden del Ministerio de la Gobernación crea en Garachico el puesto de la Guardia Civil, con la dotación de un cabo y seis guardias, que quedaron reducidos a cinco unos meses después. Los   primeros guardias que llegaron al municipio fueron: Manuel Delgado, Juan Trescastro, Benedicto Silván, Juan Lago y Francisco Rodríguez. Ocupaba la titularidad  como comandante del puesto el cabo Barceló, de grato recuerdo por su afable carácter. Los guardias recién llegados procedían del puesto de San Miguel de Abona, donde habían cumplido su labor años atrás. El primer cuartel de Garachico fue el antiguo edificio de la Casa de Gallos, después de que este hubiera sufrido algunos detalles de comodidad, aunque nunca fuera un inmueble cómodo y de buen aspecto. En 1986 pasaron a morar en el nuevo edificio, construido sobre el anterior, pero ya con comodidades. De todos modos, el edificio se notó afectado por aluminosis, no hace muchos meses,  y ahora se proyecta una construcción nueva en el mismo solar.

Efemérides de marzo

21 de marzo de 1920.- La fecha figura en el archivo del Ayuntamiento sobre la creación en Garachico de una dotación de teléfono. El Cabildo de Tenerife solicitaba entonces una casa para la instalación inicial de tal adelanto en el mundo de la comunicación. Cabe  suponer que todo se desarrolló satisfactoriamente porque ya  en  el mes de septiembre de 1921 se halla  en el Ayuntamiento el primer recibo de alquiler de la casa que se había elegido, en la calle Esteban de Ponte, y que era propiedad de doña Elena Afonso. Algunos años después pasó el teléfono a la calle Pérez Zamora, en un elegante edificio y donde aún permanece la llamada subestación de Garachico. Hablamos del teléfono en general; el llamado teléfono automático llegó unos años después, pero antes de que dispusiera de tal adelanto la ciudad capitalina.

26 de marzo de 1821.- Real Decreto por el que se ordena dividir  la provincia en partidos judiciales, quedando 4 en Tenerife, 3 en Canaria, 2 en La Palma, 1 en La Gomera y 1 en El Hierro. Los de Tenerife se instalaron, en principio, en La Laguna, La Orotava, Garachico y Granadilla. Hubo protestas en Santa Cruz y en Icod, localidades que se consideraban preteridas en tal situación. Pasado cierto tiempo, tanto Santa Cruz como Icod consiguieron sus propósitos, en detrimento de La Laguna y Garachico. Siempre lo del pez grande y el pez chico. Nada nuevo bajo el sol.

Garachico tuvo la capitalidad del partido judicial de Daute durante varios años.

27 de marzo de 1821.- Un decreto de las Cortes concede a Garachico la capitalidad del Partido de Daute, después de varios incidentes conflictivos, derivados de enfrentamientos entre municipios próximos, por lo que hubo necesidad de la intervención de las autoridades superiores para imponer calma en la difícil situación. La localidad de Garachico celebró jubilosamente la distinción concedida. La localidad del Roque disponía ya de tal capitalidad, pero faltaba tenerla por decreto y conforme a Derecho. Las cosas,  a pesar de la buena voluntad de algunos, cambiaron con el paso del tiempo, de manera que Garachico se vio luego desposeído de tal situación, resultando  Icod  vencedor en el desagradable conflicto de rivalidad geográfica.

30 de marzo de 1805.- Es la fecha de la carta que los beneficiados de Garachico enviaron al obispo de la Diócesis, don Manuel Verdugo, en la que protestaban por el traslado que, cada año, por Semana Santa, se realizaba de la imagen del Cristo de la Misericordia al oratorio privado de doña Catalina Prieto, hoy llamada Casa de Ponte. Según los beneficiados no había  razones para que una imagen religiosa tuviera habitación, durante cinco días, en un lugar profano. La costumbre era –y es— que cuatro sacerdotes llevaran a hombros hasta tal oratorio la imagen del Cristo, donde permanecía desde el Domingo de Ramos hasta el Viernes Santo, en que regresaba a la parroquia para tomar parte en la Procesión Magna. Se quejaban los beneficiados, no solo de que la casa de Ponte era un lugar profano, sino de que en una sala contigua se celebraba un suculento banquete, “viniendo a ser dicha pieza, templo y estrado al mismo tiempo”. La carta de los beneficiados dio lugar a serios incidentes, pero el traslado se sigue haciendo a pesar de que han transcurrido dos siglos de la incidencia. Hoy nadie en la Villa expresa la más mínima protesta por tal traslado. Por el contrario, la consideramos como una tradición secular que nos da prestigio, aparte de una indudable espectacularidad.

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