Domingo de Ramos

Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalem | Foto en miniatura Exposición de Raúl
Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalem | Foto en miniatura Exposición de Raúl

Es un día importante en la Semana Santa garachiquense. Por la mañana sale del exconvento de Santo Domingo el Señor de la Entrada en Jerusalén, imagen moderna. Por la tarde sale el Señor del Huerto de los Olivos, un paso espléndido integrado por el Cristo, de gran belleza plástica, los tres apóstoles dominicos y el ángel. Y por la noche se traslada la imagen del Cristo de la Misericordia al oratorio de la familia Ponte. Este Cristo se lleva, sin cruz y sin trono, envuelto en un paño, por sacerdotes, a hombros, hasta la casa de Ponte, donde permanecerá hasta el Viernes Santo, en que regresa a la parroquia, ya en su cama de plata, con acompañamiento del beneficio y de la Hermandad del Santísimo, para integrarse seguidamente en la procesión magna, una tradición de muchos años.

Entrada de Jesús en Jerusalén, en 1957 se encargó a la empresa Madrileña Santarrufina, la cabeza, pies y manos de la imagen de Cristo. El cuerpo y la borriquilla fueron confeccionados por el artista garachiquense Francisco Díaz.

“Hossana al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel. ¡Hossana en el Cielo!” Mt. (21,9)

Entrada de Jesús en Jerusalén y Oración del Huerto

Oración del Huerto, el paso lo componen cinco imágenes: Jesús, el ángel y los Apóstoles Juan, Pedro y Santiago. Estas imágenes del siglo XVII se le atribuyen al escultor de la Isla de La Gomera, Francisco Alonso de la Raya, no así el ángel de autor anónimo.

RELEXIÓN Evangelio según San Marcos 14,1-72.15,1-47.
La liturgia de este domingo nos introduce de lleno en la Semana Santa para celebrar los acontecimientos más importantes de nuestra fe. Jesús, el Hijo de Dios que se hace hombre por nosotros, se dirige a Jerusalén para culminar la obra de amor y salvación que le había encomendado el Padre.

El Rey de reyes entra sobre una borrica y es aclamado por las mismas per­sonas que pedirán su muerte poco después. Pero antes de comenzar su pasión, quiso cenar con sus discípulos y darles a comer su Cuerpo y a beber su Sangre. En un gesto de gran humildad y amor se hizo el servido de todos.

Fijemos nuestra mirada en el Señor, inocente, justo, manso, que al ser humillado no sabe hacer otra cosa sino amar, amar hasta el extremo, amar hasta la cruz.

Fiel ala voluntad del Padre y al amor a los hombres, experimenta el abandono y la soledad, pero también la confianza de que las tinieblas de la muerte quedarán iluminadas con la luz de la Resurrección.

Víctor Hernández Martín

TARDE DE DOMINGO DE RAMOS (JOSÉ VELAZQUEZ)

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