DOMINGO DE RESURRECCION EN GARACHICO

Imagen del Resucitado, de la Exposición de la Pasión en Miniatura de Raúl.
Imagen del Resucitado, de la Exposición de la Pasión en Miniatura de Raúl.

Pocos pueblos de Tenerife cuentan para sus cultos de Semana Santa con una imagen de Jesús Resucitado. En Garachico, sin embargo, existe tal imagen desde tiempos muy lejanos. En las demás localidades, la procesión que sale a la calle el Domingo de Pascua es la del Santísimo Sacramento, que sale también en Garachico, como es lógico en un pue­blo católico, pero acompañando al paso, ya mencionado, de Cristo Triunfante.
Durante algún tiempo hubo serias prohibiciones por parte de las autoridades eclesiásticas para que, junto a Su Divina Majestad, pu­diera procesionar cualquier imagen. Suspendidas tales prohibiciones, ha vuelto a resolverse el problema con una sola procesión. En las dé­cadas de los 50 y 60 salía desde la parroquia, por la mañana, el Santísimo, haciéndolo por la tarde la imagen del Señor Resucitado. Pero mediada la década de los 60 se volvió a la unificación de ambas, que van por la mañana desde la parroquia hasta el convento, donde se celebra la Santa Misa, para regresar luego la procesión hasta la parro­quia matriz, en la que tiene lugar la principal función religiosa del día.
Cuando, en el pasado, el Cristo Resucitado hacía solo su desfile procesional, salía a su encuentro, desde el convento, la Virgen dé Gloria. Fue una moda pasajera. La Virgen no ha vuelto a hacer su anual salida hasta la más próxima esquina del edificio conventual para regresar inmediatamente a su lugar de origen. Era hermoso ver una imagen vestida con colores alegres, una vez alejado el negro de tantos días. La imagen, de autor desconocido, se guarda en el convento junto a otras también retiradas del culto.
No se conoce con exactitud la fecha en que la imagen del Resuci­tado llegó a Garachico. Por lo menos subsiste la confusión entre lo que es una función en el interior del templo y una procesión en la calle con una imagen a la que se le rinde culto externo. Sabemos, sin embargo, que esta procesión es, junto a la del Cristo de la Misericor­dia y a la de la Santa Cena, una de las más antiguas de cuantas. figuran en el amplio programa de cultos garachiquenses. Y de cuantas se ce­lebran en todo Tenerife. Para apoyar tal opinión tal vez valga este comentario, que hemos copiado de los apuntes de M. de la Torres extraído, a su vez, del manuscrito de Martínez de Fuentes, tantas veces aquí mencionado por su riqueza de contenido:

«En 1627 el capitán Francisco Núñez Barbosa y doña Catalina Bermeo de la Peña fundaron y dotaron la función y procesión de la Mañana de Pascua de Resu­rrección en esta Parroquia».

Se refiere, naturalmente, a la parroquia de Santa Ana. Pero estos datos no dicen que hubiera una imagen del Resucitado. Podría tratarse de la procesión del Santísimo Sacramento.
Pero la imagen que actualmente desfila en Garachico es., según opinión de Miguel Tarquis, obra de Antonio de Orbalán, a quien le fue encargada por el capitán Simón de Azoca, quien pagó por ella 800 rea­les, según se deduce del testamento del escultor, otorgado en 1671 en La Orotava.
Hay 44 años de diferencia entre esta fecha y 1627, cuando fue do­tada la procesión de la mañana de Pascua. Debe tratarse de una sola imagen para dos fechas lejanas en el tiempo. Y es, seguro, la que hoy sale por las calles de Garachico en el día final de la Semana Mayor. Lo que ocurre es que ha sufrido una serie de repintes poco afortunados a través de los años, porque el tiempo no perdona, y ahora se nos presenta sin ese tinte del pasado que suelen tener casi todas las que, día tras día, estuvieron sometidas a la curiosidad de los fieles en los templos y las calles de la Villa y Puerto.
La Procesión continúa. La imagen, también. Lo que no llegó a arraigar entre los fieles garachiquenses fue ese espectáculo dé la «quema del Judas» que alguien intentó llevar a cabo en el Domingo de Pascua de 1803, cuando se quiso imitar esta costumbre, tan arrai­gada en el Puerto de La Orotava, rival enconado, por otra parte, del casi desaparecido puerto de Garachico.
Tenemos noticia escrita de los pintorescos incidentes que se desa­rrollaron en tal fecha en Garachico, donde parecía haber dos bandos antagónicos: uno, preocupado de la celebración de tal número profano; otro, empeñado en que tal espectáculo no tuviera lugar.

«Ocurrió en el año 1803, en tiempo Próximo a Semana Santa, que algunos individuos partidarios de espectáculos ridículos pensaron sacar por suscripción un dinero para fabricar un figurón de Judas con objeto de quemarlo en la plaza en la mañana de Pascua de Resurrección, como se acostumbraba en algunos pueblos y aquí, en esta isla, es uso antiguo en el Puerto de La Orotava. Bajo este modelo se intentó hacerlo asi­mismo en Garachico, para lo que contribuyeron varias personas amantes de lo ridículo».

Pero el grupo de oponentes no estaba dispuesto a que tal figurón saliera a la calle en fechas tan señaladas, por lo que, entre bastidorés, preparó una especie de venganza contra los innovadores. Una ven­ganza incruenta -y positiva puesto que se trataba, al mismo tiempo, de hacer una obra de caridad, pero sin que el grupo contrario se enterara de lo que se estaba organizando ocultamente.

«Trabajábase en este caritativo destino por los amigos de los pobres y se decía a los interesados en el figurón que iba adelantando el asunto del Judas. Todos los ig­norantes del hecho de caridad lo esperaban en la mañana de Pascua. Amaneció ese día y habiendo ido a la plaza los curiosos del espectáculo, se hallaron con seis pobres vestidos de nuevo, llevando uno un soneto dirigido a reprender el uso del Puerto de La Orotava, y el mal destino que daban al dinero, y los otros, cada uno su octava aludiendo al hecho».

El soneto y las octavas, llenos de ingenuidad poética, son una crítica contra la localidad portuense. En aras de la brevedad no trae­mos aquí su contenido, pero sí lo hacemos con el primer cuarteto del soneto final, en el que se refleja el contenido de todas las demás composiciones:

«¿A qué fin, Orotava, ese dinero
gastado inútilmente por vestir
a una estatua que, ardiendo, haga reír
cuando vestir a un pobre es lo primero?

Y finalizaba haciendo elogio del propio comportamiento, el seguido por los fieles de Garachico:

«Ha preferido dar con larga mano
lo que a Judas vosotros, él a un pobre.
En vez de a un figurón, vistió a un hermano».

Como puede observarse, el soneto no es una pieza literaria bri­llante. Tampoco lo son las octavas. Pero así fueron escritos. La ri­validad entre los puertos de Garachico y Orotava era evidente. La erupción volcánica de 1706 había terminado con uno. El marqués de Valhermoso, con su nefasta política, dio la puntilla a los dos. Ni en la Semana Santa parecían olvidase los antagonismos.
Aquí queda expuesto, con brevedad, lo que ha sido, a través del tiempo, el desarrollo de la Semana Santa de Garachico. Queda mucho camino por recorrer, sobre todo a la hora de catalogar imágenes para encuadrarlas en una escuela determinada. Conocer el nombré dé cada autor, de cada imaginero sí que resulta empresa poco menos que im­posible porque algunos archivos han desaparecido.
De todos modos podría hacerse, por personas especializadas, un estudio más profundo. Y, sobre todo, más en consonancia con la bri­llantez de una de las celebraciones religiosas más importantes de cuantas tenemos oportunidad de contemplar hoy en el Archipiélago.

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