“Sigo votando a CC a pesar de que ya no me invitan a los actos”

Lorenzo Dorta, exalcalde de Garachico y exconconsejero del Cabildo de Tenerife, en el Salón Noble de la institución insular. José Luis González

Aunque es una persona polifacética (maestro, político, entrenador de fútbol), la cultura siempre tuvo -y todavía tiene- un papel preponderante en su vida. Durante 20 años fue el responsable de organizar jornadas culturales, tanto de la Isla como de Canarias. Su último logro fueron Los Caprichos Musicales, un ciclo de conciertos que se realizan en la Isla Baja para que los residentes en Garachico, Buenavista, Los Silos y El Tanque también puedan disfrutar de la buena música. Pero si algo caracteriza a Lorenzo Dorta es su sentido del humor, su memoria envidiable y una juventud innata a sus 78 años.

-Desafió las normas para acceder al Cabildo de Tenerife en 1974. ¿Por qué lo hizo si ya era alcalde de Garachico?
“Porque al estar en el Cabildo podía conseguir más cosas para el pueblo, pese a que en ese momento esta administración casi no tenía competencias. Se celebraron unas elecciones indirectas y las plazas vacantes eran de alcaldes, a estos los nombraba el gobernador. La norma era que fuera el alcalde del partido judicial de Icod de los Vinos, porque era el mayor municipio de la Isla Baja. Pero el reglamento insular decía que la elección era libre, que se podían presentar todos los que quisieran, así que me presenté en contra del gobernador civil y del candidato de Icod, Antonio Hernández, a quien este apoyaba. Yo era un gallito en esa época. Y gané, ya que logré 29 de los 31 votos”.

-¿En qué área entró?
“En aquella época no había áreas como ahora. Eran comisiones sobre determinados temas. Yo estuve en la de Cultura y Deportes. El nivel era impresionante. Estaban Alejandro Cioranescu, Leopoldo de la Rosa, Wolfredo Wildpret, Alfonso García Ramos… Eran personas con un nivel cultural muy elevado. Me daban siempre conferencias, y eso me encantaba. Cuando llegaron las primeras elecciones democráticas le dije al entonces presidente insular, José Miguel Galván Bello, que quería ser presidente de la de Cultura. Pero él me contestó que Alfonso García Ramos también quería serlo y cedí”.

-De ahí viene su inquietud cultural, hasta el punto que creó Los Caprichos Musicales…
“Desde muy joven organicé jornadas y actividades culturales, y lo sigo haciendo con Los Caprichos Musicales. En tiempos de Franco recibí a la actriz María Paz Ballesteros y a Juan Diego, ambos comunistas, y a los exalcaldes de Las Palmas Juan Rodríguez Doreste, que era socialista, y Manuel Bermejo (independentista). A este último lo fui a oír un verano en una conferencia y cuando se enteró de que era el alcalde de Garachico casi se muere. Eran tiempos de Franco. Años después lo invité a unas jornadas sobre autonomía en Garachico. Nunca tuve en cuenta las ideologías con los artistas que traía. Tal es así, que un día se hizo una representación teatral en el castillo de Garachico y la Guardia Civil fue a suspender el acto. Le dije a los agentes que el alcalde era yo y que denunciaran lo que creyeran conveniente. En una ocasión explotó una bomba en la calle Correos, en la Puerta del Sol, y se incendió parte de la casa en la que vivía María Paz Ballesteros. Allí encontraron direcciones mías y tarjetas de visita. Recuerdo que yo estaba en el Cine Teatro Fajardo de Icod, oyendo un concierto de Los Virtuosos de Moscú, y vino la Policía a hablar conmigo e investigar secretamente qué relación tenía con la artista”.

-Conoció a seis presidentes del Cabildo de Tenerife, Rafael Clavijo, José Miguel Galván Bello, José Segura, Adán Martín, Ricardo Melchior y Carlos Alonso. ¿Con cuál tuvo más afinidad?
“No me gustaría destacar a ninguno en especial porque todos me han tratado muy bien. Pero, sin duda, con quien tuve más contacto, quien más me apoyó y me dio más competencias fue Adán Martín. Él me envió al Gobierno de Canarias para que empujara las transferencias a los cabildos, me nombró consejero de Infraestructuras y con su apoyo tuve la suerte de elaborar el Plan de Puertos, en el que se incluía el de Garachico. Muchas obras para la Isla Baja, como la avenida de Adolfo Suárez o el túnel de Las Aguas, salieron estando en el Cabildo con él de presidente”.

-¿Coincide con esa visión de que era un gran estadista y un gran planificador?
“Sí, totalmente de acuerdo. Muchos decían que era un poco lento, pero era porque planificaba todo muy bien. No tenía prisa ninguna con tal de no equivocarse. Aun así lo hizo, como todo el mundo, pero era un hombre muy especial”.

-¿Ha cambiado mucho la institución en estos últimos años?
“Cuando entré en 1974 era un ayuntamiento grande con sus comisiones. Su presidente era el que tenía todo el poder, despachaba en Madrid y visitaba ministros para conseguir obras para la Isla y la mancomunidad de Cabildos. Ahora tiene las competencias de un Gobierno insular. Recuerdo siempre que Galván Bello me decía que las cosas estaban confundidas, que no había que hacer un Gobierno canario, sino potenciar los cabildos para que sean gobiernos insulares con competencias y dejar al regional con las competencias en educación, sanidad y hacienda. Y en parte tenía razón, porque hay competencias que ambas administraciones tienen por duplicado, en algunos casos incluso se superponen, y eso ralentiza todo”.

-Puede presumir de haber estado en tres administraciones diferentes, Gobierno de Canarias, Cabildo y Ayuntamiento. ¿En cuál trabajó más a gusto?
“En el Ayuntamiento. Pero para poder conseguir cosas, el Cabildo. En el Gobierno estuve en Educación, abriendo escuelas y resolviendo problemas de mobiliario escolar en las siete islas, y me defendí y me respetaron porque decía que mi mujer era majorera. Mi despacho daba a la calle y eran habituales los gritos de ‘Lorenzo, quiero una escuela’ y me montaban una manifestación a pie de oficina. En cambio, mi paso por la Vicepresidencia del Gobierno fue muy cómoda porque mis interlocutores eran los 87 alcaldes y los 7 presidentes de los cabildos, por lo tanto, podía dialogar, hablar y no tenía ningún problema de público”.

-¿Le quedaron muchas cosas pendientes en la Alcaldía?
“Sí, siempre quedan cosas por hacer. Nunca terminas si tienes ilusión por conseguir aquellas que sabes que puedes lograr. Había unos celos muy grandes con el Puerto de la Cruz, porque era el auge del turismo y todos querían hacer obras, pero yo luché más por conservar el casco y restaurar los conventos que por conseguir más cosas. El complejo deportivo, las piscinas artificiales y las pistas de tenis de Garachico fueron las primeras de todo el Norte, incluso antes que en el Puerto de la Cruz. Se hicieron con un préstamo del Banco de Crédito de España, a pagar en 20 años, y el notario que me lo firmó fue Blas Piñar, líder de la extrema derecha con Franco. Pero mi sueño era conseguir un puerto después de que 300 años antes se lo llevara el volcán, y se hizo”.

-¿Pasará a la historia por ser el alcalde que consiguió que Adolfo Suárez visitara Garachico?
“Fue un logro conseguir que el presidente del Gobierno de España fuera a Garachico. No obstante, todo es suerte. Yo estaba en una comisión invitado por Luis Mardones para preparar el viaje de Suárez a Tenerife. En ese momento había un movimiento grande de independentistas en Santa Cruz con Antonio Cubillo y, por lo tanto, ciertos reparos en convocar un mitin en la Plaza de Toros, porque si no se llenaba sería un fracaso. Así que propuse que fuera en Garachico, ya que la llegada de un presidente al pueblo convocaría a toda la comarca, y les dije que me encargaba de que hubiera unas 10.000 personas. Como tenía que ir al Puerto de la Cruz, que era el destino obligado de entonces, propuse que un helicóptero lo trajera después hasta el campo de fútbol de Garachico, que está a 100 metros del Ayuntamiento, donde pronunció su discurso. Suárez, que tenía más tablas que el demonio, se adelantó a mí y anunció que se le había perdido el ministro de la Presidencia, José Manuel Otero Novas, y con eso se comió al público porque rompió el protocolo. Después me tocó el turno de palabra a mí y me eché a llorar pidiéndole el puerto y la travesía, el túnel de Las Aguas donde habían fallecido tres personas. Y al darme el abrazo me dijo: ‘Niño, el que no llora no mama’. Años después me enteré de que había dicho que el puerto tenía que salir porque no quería enfrentarse más conmigo”.

-¿Por qué entró en ATI?
“El gobernador civil de aquel momento nos dijo que debíamos entrar en la UCD porque todo era una continuación del régimen anterior con la democracia, y los 15 alcaldes que estábamos lo hicimos. Pero al desaparecer nos quedamos huérfanos de partido y decidimos estar independientes un año. Finalmente, entré en 1987, cuatro años después de que se fundara”.

-¿Sigue afiliado al partido?
“Sí. Voto al partido a pesar de que estoy jubilado y de que ya no me invitan a actos, igual que al resto de jubilados [bromea]. En realidad estoy vinculado a CC, ATI es una palabra de Las Palmas para echarnos a pelear”.

-¿Es un error no convocar a aquellas personas que tuvieron en su momento un protagonismo relevante a actos como el congreso regional?
“Lo echo de menos. Tienen que invitar a todos, para que sumen y aporten experiencias. Es necesario que todos los políticos jubilados participen. La mayoría de los gobernantes en Europa tienen más de 60 años y aquí con 45 parece que son viejos. Yo soy uno de ellos con 78 años”.

-¿Alguna vez votó a alguna otra formación política que no sea CC?
“No. Políticamente nunca le he puesto los cuernos a nadie”.

-¿Qué diagnóstico hace del partido ahora?
“El que gobierna siempre se va quemando. Se produce un desgaste normal cuando se llevan muchos años. Le pasa a cualquiera, no solo a CC, y pierde esas ilusiones que existen desde el principio. Y por eso tiene que haber una renovación, que se ha hecho. Las relaciones con Gran Canaria siempre han sido muy difíciles y hace falta un Gobierno regional que deje todas las diferencias que existen entre islas y que el Archipiélago se vea como un territorio continuo y unido”.

-¿Le vendría bien a CC estar un tiempo en la oposición?
“No sé qué decir, podría bajar más todavía. Creo que no es necesario, porque en Canarias se va a tener que gobernar con pacto hasta que se superen todas las diferencias que existen. Los tres partidos mayoritarios, PP, PSOE y CC, están obligados a entenderse. Las minorías siempre han existido, deben hacerlo y deben ser oídas, pero no tienen fuerza para formar gobierno”.

-Dice que todo es cuestión de suerte, ¿se siente afortunado?
“Sí, en la parte política todo el mundo me ha ayudado, no he tenido enemigos y todo lo que me he propuesto lo he conseguido. No me puedo quejar”.

-¿Y en la vida en general?
“También. Tengo cuatro hijos buenísimos, igual que mi mujer, aunque ella siempre dice que prioricé la política sobre la familia. Y en parte tiene razón. Ahora hago cosas con mis nietos que no pude hacer con mis hijos, como ir a verlos a un partido de fútbol”.

Lorenzo Dorta admira a Adolfo Suárez, con quien hizo una buena amistad. “Era muy cercano, cariñoso y un gran estadista”, subraya. El expresidente de España visitó tres veces Garachico, las mismas que Dorta estuvo en su despacho de Madrid. Por casualidad se encontraron en un hotel de Oviedo y en la toma de posesión del presidente venezolano Luis Herrera Campins.

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