Fiestas Lustrales del Cristo

FIESTAS LUSTRALES DEL CRISTO DE LA MISERICORDIA

Las Fiestas Lustrales del Cristo de la Misericordia, son una de las Fiestas más singulares de la Isla de Tenerife, son las únicas Lustrales que tiene esta Isla. Sus plazas engalanadas con alegorías varias, sus carrozas confeccionadas por personal Garachiquense, sus flores de papel y faroles colgados de las puertas de las viviendas del municipio, los fuegos del Risco,  son simplemente una bella estampa en uno de los pueblos más bonitos y con más historia de Canarias.

En este post, vamos hacer un pequeño recorrido por esta peculiar fiesta  que cada 5 veranos se llevan a cabo en la Villa y Puerto de Garachico, no sin antes acordarnos de aquellas personas importantes en la consecución de una fiesta tan hermosa como especial.

Quiero dedicar y recordar en este post a nuestro amigo, Juan Luis Yanes, porque con su impronta ha echo de estas fiestas, y de su plaza, “La Plaza de la Pila” un baluarte de respeto por las tradiciones, a la cultura e idiosincracia de este nuestro pueblo. “Juan Luis esto va dedicado a tí”.

Víctor Hernández Martín

Administrador Web de Garachico La Joya de la Isla de Tenerife

FUEGOS Y CARROZAS

Los “Fuegos del Risco”, auténtica remembranza de la erupción volcánica de 1706, y más tarde el desfile de carrozas, se convertirán en los números por excelencia de unas fiestas, las del Cristo de Garachico, de las que no dejarán de hacerse eco las páginas de la prensa tinerfeña. En este sentido, el sacerdote Ireneo González en el artículo que le publica Revista de Canarias en diciembre de 1881, se refiere ya a esta celebración como “la primera, sin disputa, de todas las que se celebran en nuestra isla, y tal vez en nuestra provincia”.

Los “Fuegos del Risco” prevalecen como lo más destacado de las diversas representaciones que han ido conformando la fiesta a lo largo de su historia. La denominación de este número como tal no aparece hasta 1922, concretamente en la información que sobre la fiesta publica Gaceta de Tenerife en su edición del 20 de julio de ese año; donde vemos por primera la expresión “los inimitables fuegos del risco”. Es, pues, a partir de estas fechas cuando se comienza a usar y a generalizar tal expresión que se refiere, por antonomasia, al Risco de San Pedro de Daute que hasta principios del siglo XX era, al parecer, el único que se iluminaba. En 1905 ya hay noticias del alumbrado de La Atalaya y en 1907 este alarde pirotécnico parecía estar consolidado a juzgar por lo que comenta el periódico El Tiempo en su edición del 15 de octubre: “Merece especial mención los fuegos de artificio y la iluminación colocada sobre el volcán del puerto y del Risco de San Pedro de Daute, debido a la iniciativa del propietario D. Juan Díaz Jiménez. Este número, que sin duda es el mejor de los festejos, resultó sorprendente, por lo bien combinado de su iluminación y fuegos y por prestarse a ello la topografía del terreno”.

D. Candido Acosta (1893 – 1975)

Las crónicas periodísticas reflejan con claridad la propia evolución pirotécnica desde 1881, añe en el que las piezas de fuegos artificiales eran elaboradas en el propio Garachico, hasta, por ejemplo, 1932; año en que, por primera vez, como gran novedad, se comienza a traer de Valencia. El espectáculo pirotécnico de la de las fiestas del Cristo se completaría, en los años veinte, con la iluminación de El Roque y la famosa “Lluvia de Cándido, que, atronadoramente, remataba la exhibición pirotécnica de la bahía garachiquense y que estaba a cargo del veciono Cándido Acosta, padre del escritor y poeta Carlos Acosta.

Con respecto al desfile de carrozas una de las primeras referencias que tenemos data de 1911. En 1913 –el año anterior no hubo festejos- aparece el entusiasta y polifacético Ramón Arocha y González, considerado el primer maestro local en este arte, dirigiendo celosamente la confección de tres carrozas alegóricas. La presencia de este elemento característico en las cabalgatas y desfiles de la fiesta se consolida a lo largo de los años veinte y primero años de la década siguiente, siendo estos últimos (1931 y 1932) los que hasta ahora registran el número más elevado de carrozas elaboradas (seis en cada uno de ellos) cuya realización también se llevaría a cabo en  las siguiente ediciones de los festejos. Numerosos fueron los artesanos locales que, siguiendo los pasos del maestro Ramón Arocha, continuaron practicando y perfeccionando el diseño y composición de estas representativas muestras de la fiesta popular. Su fama y la de sus artísticas carrozas traspasaría las fronteras locales y su buen hacer incluso sería requerido desde otras localidades, como ocurriera en 1955 con la petición hecha por el Ayuntamiento de la capital tinerfeña solicitando la presencia, en el coso de flores de sus Fiestas de Primavera, de alguna de las carrozas que habían desfilado en Garachico el año anterior.

Cirilo Velázquez

Historiador Oficial de Garachico

 

1954 sobre las fiestas de octubre en Garachico los hijos de la localidad residentes en Venezuela se interesan por ellas

Elaborando la carroza titulada “Razas y Continentes”, que desfilaría en la cabalgata de las Fiestas del Cristo de 1954, patrocinada por la colonia de emigrantes garachiquenses en Venezuela. En la fotografía aparecen, de izquierda a derecha, Eduardo González Morales y su hijo Eduardito, AlfonsoAcosta y José Gutiérrez Afonso.

Seis años hace que Garachico no celebra sus famosas fiestas en honor al Santísimo Cristo de la Misericordia. Hasta nosotros ha llegado la noticia de que en el próximo octubre serán una realidad y que una Comisión competente será la encargada de que sean un éxito. El ambiente parece que se encuentra animado y por lo que dicen las cartas que aquí llegan semanalmente, todos los “garachiqueros” están dispuestos a prestar una desinteresada y efectiva colaboración para que la fama de que está precedida esta fiesta no sufra menoscabo.

Los espectaculares y conocidos fuegos del Risco, llevarán este año el sello de la perfección, pues además de ser cuantiosos, esta vez sí que estarán dirigidos por renombrados pirotécnicos valencianos, verdaderos artífices en materia de fuegos de artificio.

Ya se ha comenzado la construcción de las carrozas. Artistas locales se esmeran en conseguir los valiosos premios que concede el Ayuntamiento, por lo que esperamos que los triunfos obtenidos en años anteriores se superen esta vez y que la enorme cantidad de visitantes no salga defraudada y sí que se note en los rostros de todos la satisfacción que produce la visita de un grandioso espectáculo. La colonia garachiquera en Venezuela ha contribuido también por entero, sumándose a la lista de donantes, siendo digno de mencionar el gesto de un grupo de hijos de la Villa del Roque, que se halla en América de llevar a cabo una espontánea recolecta que destinan a la construcción de una carroza que causará verdadera sensación; aunque se supone que nuestro gran artista, Paco Díaz, se proclamará de nuevo el “as” en este arte que podríamos decir es especialidad suya. Cuenta este año con el apoyo que le ha faltado en otros, en los que sólo triunfó su hermosa inspiración y la gran voluntad de ofrecer todas sus energías y experiencias en tributo al Cristo de su devoción y el nombre de su pueblo.

Yo quiero con estos renglones dar alientos a los organizadores y público en general. Y aunque hoy, mi intención se concentre principalmente en el éxito de la fiesta, no quiero dejar en el olvido mi pensamiento de abogar a favor de nuestra Villa, a fin de que sus rectores se preocupen de que su aburrido ambiente actual desaparezca, pues unos festejos que se hacen de tarde en tarde no son suficiente aliciente para nuestra juventud. Esta juventud necesita distracción sana, además de educativa. Las máximas personalidades españolas no dejan de hablar sobre la necesidad de esa juventud fuerte, que se conseguiría fomentando los deportes, el arte, etcétera. Pues bien, yo pido a los rectores de mi pueblo que se desvelen por ello, y que como en otras localidades, muchas menos importantes que la nuestra, se creen Sociedades en donde se haga deporte, en donde se lea mucho y existan juegos de entretenimiento. El ajedrez, ping-pong, billar, etc… harían que esta juventud sedienta de distracción se olvidara de algunos vicios contraídos ya, debido a esa carencia toral de deportes y Sociedades, que servirían además para la buena formación física y moral de todos los pueblos.

Repito el deseo de todos los hijos de Garachico, que quieren que ese nombre tan famoso un día, vuelva a tener algo de su prestigio.

Y yo sé que nuestras autoridades encontrarán la solución a ese acuciante problema, consiguiendo que todo sea una alegre realidad.

Agustín Rolo de Armas

(Garachico, 1926 – 1986)

Caracas, agosto.

La Tarde, 13 de agosto de 1954

EL SEÑOR DE GARACHICO

(UNA IMAGEN NOVOHISPÁNICA DE PAPELÓN)

Imagen del Cristo de la Misericordia. (Garachico)

Las productivas relaciones que se establecieron desde tempranas fechas entre las Islas Canarias y el Nuevo Mundo, condicionadas –como tantas veces se ha dicho- por la singular ubicación geográfica de éstas en el tránsito oceánico, han tenido importancia básica para la historia del Archipiélago en todos sus aspectos, siendo el arte uno de los más destacados. Si repasamos la historiografía específica, comprobamos cómo en el patrimonio insular tienen un lugar privilegiado las piezas provenientes de los diversos centros productores americanos, siendo los crucificados ligeros realizados en México los testigos primeros de este rico legado. Entre éstos, el Cristo de la Misericordia tiene un puesto relevante por lo singular de su manufactura que lo convierte en eslabón fundamental para el conocimiento de los orígenes y evolución de la plástica mexicana.

Hasta el momento, el Santo Cristo de Garachico se consideraba un digno exponente del conjunto de crucificados en caña de maíz que se produjeron en la Nueva España, actual México, principalmente en la segunda mitad del siglo XVI y fueron, por uno u otro motivo, remitidos a la por entonces metrópoli. Ahora, gracias a los métodos científicos no destructivos a los que ha sido sometida esta imagen, estamos en situación de corregir esa propuesta a la que todos hemos sido asiduos y podemos adelantar que el Señor de Garachico se corresponde con una imagen de papelón, una de las variantes técnicas empleadas en la Europa de los siglos XV y XVI –aunque la técnica pervivió con algunos maestros que recurrieron a ella debido a encargos específicos- para la realización de esculturas ligeras concebidas sobre todo con fines procesionales y, como viene a confirmar esta pieza garachiquense, también en el contienente americano.

La tecnología propia de la escultura en papelón, pues, se funde en el arte novohispano con la aplicación de la caña de maíz, formulando nuevas variedades constructivas. De entrada, heos de señalar grosso modo que ésta, como el propio término señala, es un tipo de imagen en cuya construcción predomina el papel, aunque para la época éste no era un derivado de la madera (celulosa) sino de fibras textiles, lino cáñamo, etc. y, para el caso de México, también amatc (en náhualt, ámatl). El método constructivo podía ser muy variado, pero siempre requería de algún tipo de molde, eventualmente ayudándose de una estructura interna, más o menos simple y de elementos puntuales de mayor rigidez para el caso de manos y pies. En definitiva, corresponde con una complicada y relativa evolución de los que conocemos como papier maché, y que a su vez guarda evidentes concomitancias y dependencias con otras tipologías constructivas de piezas ligeras, ya sean de caña de maíz, como las de pasta ligada o de tela, en todas sus variantes.

Quizás en este punto y por su relación con la técnica de la cartapesta, en algún momento se ha llegado a señalar el posible origen italiano de este Crucificado tinerfeño.

Si bien nuestra historiografía ha colocado al Señor de Garachico dentro del conjunto de obras ligeras en caña de maíz, lo cual venimos a corregir ahora; lo cierto es que debe seguir relacionado con aquellas particulares piezas al compartir muchas de sus cualidades y ser punto deinflexión en el devenir de una técnica cuyos orígenes se han situado en la vasta región purépecha, también conocida como tarasca, con núcleo principal en el actual estado de Michoacán; aunque estudios más recientes han confirmado que su producción desde tempranas fechas era prolífica en otros enclaves del Virreinato.

En definitiva, el Santo Cristo de Garachico, producto del sincretismo del encuentro entre dos mundos, es una pieza capital para entender los orígenes y diversidad de manufacturas de la técnica ligera en México y un elemento clave para la Historia del Arte en Canarias y América.

Pablo Amador Marrero

Instituto de Investigaciones Estéticas.

Universidad Nacional Autónoma de México

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